23 de Septiembre de 2018

Opinión

Derroches en el Ieqroo

El Consejero Presidente del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo), Jorge Manríquez Centeno, blindó...

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El Consejero Presidente del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo), Jorge Manríquez Centeno,  blindó a sus consentidos para que no sean afectados por la reducción salarial del 25 por ciento, y se da el lujo de mantener en la nómina a ocho asesores de los siete Consejeros, quienes tienen funciones nada significativas que digamos en este año no electoral, y mucho menos pueden asignar  tareas para alejar de la ociosidad a tales asesores sin oficio.

Sabemos que los asesores se desempeñan como asistentes de lujo de los consejeros electorales, quienes gracias a esta conquista pueden incorporar a la nómina a compadres y amigas que no saben ni jota de la democracia, pero que están incrustados en la alta burocracia, capeando el temporal de los despidos y recortes salariales.

Pero si sacamos cuentas sobra uno de los asesores. Pues resulta que con la salida de un consejero –al cumplirse su período– una asesora quedó silbando en la loma, ya que no fue aceptada por uno de los nuevos guardianes de la democracia, por lo que quedó en condición flotante.

Lo cuestionable aquí es el bestial derroche de dinero en temporada de vacas flacas, ya que se preservan los privilegios de la burocracia ubicada en la cúspide, protegiendo a los amigos cueste lo que cueste.

Para Jorge Manríquez sus tareas como Consejero Presidente se limitan al disfrute del presupuesto, dando jugada a los amigos para preservar sus percepciones salariales a toda costa, mientras el Instituto soporta una plantilla burocrática que permanece inactiva.

Por este tipo de comportamientos tan desleales queda reprobado el Ieqroo al ser comparado con su antecesor: el Consejo Estatal Electoral, de triste memoria en la década de los 90s.

Fidel Villanueva, ajeno a Quintana Roo

Mientras en Quintana Roo se afina la estrategia para defender su integridad territorial, el Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia, Fidel Villanueva Rivero, permanece como un irresponsable espectador, a diferencia de sus antecesores: Joaquín González Castro y Lízbeth Loy Song Encalada.

Por prescripción política Fidel Villanueva necesita un urgente baño de quintanarroísmo para que sienta amor por su estado y se involucre de lleno en el expediente, olvidándose de actos que han sido ventilados por trabajadores del Tribunal, quienes precisaron sus descomunales e irrefrenables excesos con el presupuesto.

Como envidiamos a las entidades que cuentan con un Poder Judicial con autoridad moral y enorme compromiso con los suyos. Pero con Fidel Villanueva se confirma que la sangre nueva no es sinónimo de efectividad y mejoría, ya que algunos conservan vicios que los descalifican del todo.

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