21 de Noviembre de 2018

Opinión

Desetiquetemos, y a vivir nuestra propia vida

Hace ya varias columnas que escribí acerca de las etiquetas que ponemos a las personas. Me gustaría volver a tocar el tema porque me parece ridículo que lo sigamos haciendo.

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Hace ya varias columnas que escribí acerca de las etiquetas que ponemos a las personas. Me gustaría volver a tocar el tema porque me parece ridículo que lo sigamos haciendo.

Los seres humanos etiquetamos a las demás personas por todo, parece que saliéramos a la calle con una etiquetadora de juez diciendo éste es eso, éste es lo otro, como si además supiéramos perfecto la causa de la etiqueta que estamos poniendo.

Etiquetamos si son de diferente color, de diferente educación, religión, partido político, nivel social, nivel económico, o por el simple hecho de verles la cara ya decidimos si son mal humorados, alegres, etcétera.

Hay un sinfín de etiquetas que vamos poniendo hacia los demás, además de ridículo como ya lo mencioné, se me hace muy delicado, porque no conocemos (y además no tenemos por qué conocer) a los demás para saber las razones de lo que los hace diferentes, especiales, gruñones o alegres.

Hace unos días volví a reiterar lo irresponsable que es soltar la etiqueta en plan de juez conocedor, porque es casi lo mismo que un chisme hacia alguien más, por ejemplo, hace poco una persona me comentó de otra que no le gustaba mucho tener trato con ella por ser una persona muy alocada, tuve la oportunidad de ese mismo día platicar con esa persona “alocada” la cual sin hacer ni una sola pregunta, me empezó a contar lo difícil que ha sido su vida y por las muchas situaciones que ha tenido que pasar.

Y es así con todas las personas juzgamos tan fácilmente sin tener un fundamento, ¡nos da por suponer!, y no sólo eso, sino que creemos en lo que suponemos, hay muchas personas que lo hacen y creo sin llegar a poner una etiqueta o generalizar sin estar segura, que deben ser personas sin una vida propia, que en lugar de preocuparse y ocuparse en sus cosas, solamente están viendo lo que hacen los demás, porque de otra manera, no me explico cómo alguien que tiene ocupaciones se puede dar el tiempo de pensar en todo lo que son los demás, además de otras etiquetas físicas también.

Como hace mucho tiempo se ha estereotipado que lo bello tiene que ser un cuerpo escultural, rubio y de ojos claros, lo demás se ha vuelto equis en la vida o no es lo “in”, no seamos como borreguitos siguiendo a la manada, lo mejor es ser nosotros mismos sin temor a lo que piensen los demás, dejar de querer de dar tantas explicaciones o justificaciones para ser aceptados o bien vistos por los demás, nadie puede ponerse en nuestros zapatos, cada quien tiene su responsabilidad y su propia vida, que considero es demasiada ocupación como para no disfrutarla y vivirla al máximo.

Una vez cuando estábamos mis hermanos y yo chicos, mi mamá, que había tenido la necesidad de ir a llamar por teléfono a casa de la vecina porque en nuestra casa no teníamos teléfono, cuando entró a casa de la vecina estaban terminando de comer y en sus platos habían frijoles, rápidamente la señora de la casa empezó a recoger la mesa diciendo “¡ay, doña Sylvia (esa es mi mamá), no vaya usted a pensar que nosotros solamente comemos frijoles!

¿Y qué, que solamente hayan comido frijoles?, mi mamá ni cuenta se había dado, en todo caso la señora tenía teléfono, ¡nosotros no!, ahora siempre recordamos que en su casa solamente comían frijoles, por querer quedar bien, nos reímos de ella hasta el día de hoy cuando lo recordamos. Ocupémonos de cosas que valgan la pena, ¡nuestra propia vida!

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