21 de Septiembre de 2018

Opinión

Después de la vida salvaje

Cambiaron los hábitos, las prácticas, el buen vivir de una ciudad que se decía tranquila y amable.

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Después de la vida salvaje, respiro. Peligroso, inseguro, violento…así es el territorio en una buena parte del país. No es mi propósito exagerar escribiendo textos alarmantes y dramáticos; me encuentro en una reflexión constante que se estimula cada que enciendo las noticias, cada que hablo con mis familiares y amigos que están en un lugar salvaje.

Hace unos meses estuve en Tamaulipas, me llamó la atención ver que muchos de los vehículos que circulaban estaban muy sucios, cubiertos de polvo. Parecía una ciudad de otra época, no capital del estado. “Es que si el carro está sucio, así parece que es uno descuidado. Corro menos peligro de que me bajen y me lo quiten”.
Este comentario se sumó a los de mis amigos: “Ya no uso botas vaqueras, no me vayan a confundir con uno de los malos”. O a un buen consejo: “Si sales en la noche, checa antes el Facebook para ver por dónde hay balaceras”.

Después de las siete de la tarde mi mamá prefiere resguardarse en casa, no va a la tiendita de la esquina porque ésta ha sido asaltada en varias ocasiones y de manera violenta. Cambiaron los hábitos, las prácticas, el buen vivir de una ciudad que se decía tranquila y amable. Los patrones de consumo son otros, muchos negocios y restaurantes cerraron.

Me lastima entender que mi gente convive con esto a diario. Me preocupa saber que han perdido la capacidad de asombro y que en el día a día tienen que cuidarse de los artefactos explosivos, de los coches bomba, del secuestro, la extorsión y del silencio de sus autoridades. Los que han podido vendieron sus propiedades y se fueron a vivir a Brownsville, McAllen o algún lugar cerca del Valle de Texas. Incluso muchas familias encontraron refugio en Mérida.

En mi caso es diferente, mi profesión me trajo a esta ciudad; pero sé que a muchos yucatecos les asusta que llegue gente de fuera a alterar el orden y todo lo bonito de Yucatán. Lo que puedo decir es que muchos de nosotros queremos como nuestro a este estado que nos permite vivir en paz. ¿En qué ciudad de México se puede salir a pasear a los perros a la media noche? En la inigualable Mérida.

Mi gran deseo es que todos los que aquí vivimos, yucatecos o no, cuidemos “eso” que sólo aquí se puede encontrar.  Las cosas vistas desde afuera se ven de manera diferente. Después de la vida salvaje, valoro.

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