25 de Septiembre de 2018

Opinión

Detonador

Escasos son los que alcanzan a vencer el enorme desafío que les impone el tiempo, que permanecen, evolucionan y se reinventan constantemente...

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Se define como detonador a cualquier cosa o hecho que puede provocar o desencadenar una acción o un proceso. Cuando iniciaba mi carrera como empresario de la construcción y hasta hoy, he venido escuchando que tal o cual proyecto será, ahora sí, el “detonador” del tan anhelado desarrollo económico sostenido y duradero. Pero en realidad son pocos, lamentablemente muy pocos, los proyectos que alcanzan a generar en sus inmediaciones o gracias a su influencia inversiones productivas permanentes que le otorguen ese carácter.

Algunos fracasan estrepitosamente en ese propósito y terminan perdiéndose por completo no sólo el capital invertido, sino el esfuerzo y el tiempo que le fueron dedicados. Algunos otros ciertamente generan oportunidades de progreso, pero para una cantidad muy limitada de personas que saben detectarlas y aprovecharlas a tiempo, o que simplemente tuvieron la fortuna de estar en el lugar y el momento adecuados. No son pocos aquellos proyectos que encienden momentáneamente una chispa de progreso para generar bienestar, pero que, por algún extraño motivo, tienen una existencia muy efímera. También están aquellos cuyo costo es extremadamente alto para los modestos resultados que generan. Escasos son los que alcanzan a vencer el enorme desafío que les impone el tiempo, que permanecen, evolucionan y se reinventan constantemente.

¿Qué tienen en común los proyectos exitosos? ¿Cuál será la clave para permanecer y ser efectivos? ¿Cuáles fueron los errores cometidos en los que fracasaron? La respuesta puede y debe ser tomada como aprendizaje para que cada vez existan más proyectos verdaderamente detonantes y menos elefantes blancos.

Creo que si nos vamos hasta lo más básico, a sus orígenes, una característica importante es que realmente el proyecto responda a la satisfacción de una necesidad manifiesta y de amplia penetración en la sociedad, o que resuelva eficientemente un problema de importancia alta. Por otro lado, debe partir de una gran visión, incluyente, de largo plazo, y que atienda el bien común por encima de cualquier otro asunto o interés particular.

Al pasar a la etapa de planeación y diseño, el proyecto debe ser concebido con seriedad y profesionalismo, involucrando múltiples disciplinas profesionales, adecuadamente coordinadas y puestas al servicio de los objetivos definidos como estratégicos.

Durante la construcción, jamás debe escatimarse un centavo para pretender un “ahorro” que demerita mucho la calidad y durabilidad; debe cuidarse la eficiencia presupuestal, pero más importante es contar con edificaciones y equipamiento que darán servicio por muchos años sin problemas.  Finalmente, la operación tiene que ser eficiente, enfocada, brindando resultados concretos y mejorando a lo largo de toda su vida útil, adaptándose a los cambios y al desarrollo de nuevas tecnologías. 

Nuestro país necesita más proyectos detonantes exitosos. A pesar de las amenazas del poderoso vecino, tenemos que encontrar el modo de implementarlos.

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