21 de Septiembre de 2018

Opinión

Devorarse a sí mismo

Con este fanatismo barbárico, Estado Islámico intenta por medio del terror agrupar bajo su dominio a todos los pueblos árabes...

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Con apenas unos cuantos días de diferencia, la guerra santa o Yihad ha golpeado las calles de París y Beirut y segado la vida de todos los pasajeros de un avión repleto de ciudadanos rusos; en París una serie de ataques coordinados dieron como resultado 130 muertos y más de 300 heridos, las calles de Beirut, la capital libanesa, se mancharon con la sangre de 43 muertos y más de 200 heridos, 224 ciudadanos rusos murieron en un vuelo que se dirigía de Egipto a San Petersburgo, entre ellos 25 niños, el cuerpo de una niña de tres años fue encontrado a 8 kilómetros del sitio de la explosión, en Beirut un padre de familia se lanzó sobre un atacante suicida y al derribarlo la bomba explotó, con su muerte salvó a sus hijos y decenas de otras personas.

El grupo terrorista Estado Islámico se ha adjudicado la autoría de todos los atentados. Surgido como una derivación de Al Qaeda, el grupo ha crecido exponencialmente, en buena parte debido a los extranjeros que se han anexado a él para participar en la guerra santa contra los infieles; ocupa extensas regiones de Iraq y Siria; sus acciones contra la población destacan por su crueldad extrema, así innumerables videos muestran decapitaciones con cuchillo de árabes y europeos, niños cristianos han sido decapitados por negarse a abandonar su fe, todo homosexual es condenado a morir lapidado, cristianos son crucificados y sus cuerpos quedan exhibidos durante varios días.

Con este fanatismo barbárico, Estado Islámico intenta por medio del terror agrupar bajo su dominio a todos los pueblos árabes en un Califato dirigido por sus líderes, con el nombre de Dios en los labios asesinan salvajemente a su propio pueblo, miles de islámicos que pertenecen a otra vertiente del Islam son masacrados, los cristianos no corren mejor suerte y miles encuentran la muerte a manos de este grupo, miles y miles han tenido que abandonar sus hogares y huir de este infierno.

Sus seguidores toman la vida de los seres humanos que caen en sus manos como si estuvieran eliminando a un insecto dañino, imbuidos de su brutal ideología se inmolan en atentados suicidas, convencidos de que serán recibidos en el paraíso y disfrutarán de un gran número de placeres y mujeres.

Sus bestiales ataques han desencadenado una respuesta inmisericorde de Rusia, Francia y EU, que en estos días arrasan las instalaciones de Estado Islámico, sus tropas y refinerías; sus líderes y familias huyen de Raqqa a Mosul, ambas ciudades donde se asientan sus autoridades; parece ser que han logrado llevar su visión apocalíptica hasta la puerta de sus hogares y convencidos de la santidad de su martirio casi desean desaparecer en un torbellino de sangre; la bestialidad se devora a sí misma, la violencia se suicida.

¿Qué es lo que ocurre en el alma de un hombre o mujer que sufre la transmutación de un ser humano a una sanguinaria bestia? Mucha es la responsabilidad de quienes realizan tan aberrantes actos, mayor es aún la de los dirigentes que les inyectan en el alma el odio como forma de vida, parecen todos ellos olvidar que el Corán dispone: “Si alguien mata a una persona, sería como si matase a toda la humanidad”.

Ante esta obcecación del alma, ante el endurecimiento del espíritu, es oportuno reflexionar si no cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, no hemos cerrado el corazón y trancado las puertas del alma, convencidos, como podemos estar, de que nadie tiene la razón de la vida más que nosotros, que nuestros ideales, pensamientos y visiones de la realidad no solamente son los verdaderos, sino los únicos que merecen ser seguidos en el mundo y aun sin una violencia física atropellar violentamente el espíritu de nuestros prójimos, descalificando y satanizando lo distinto a nosotros.

El amor al prójimo se vuelve una fantasía pretenciosa cuando, para amar a todos, éstos han de pasar por el filtro de las reglas de nuestra propia razón, cuando negando la posibilidad del otro a ser distinto a mí pretendo “redimirlo” obligándolo a ser como soy yo; si en este empeño coaccionamos, satanizamos y señalamos a los demás, no estaremos muy lejos de la metodología empleada por Estado Islámico para obligar al ser humano a ser bueno, sólo que en el intento, al igual que ellos, acabaremos devorándonos a nosotros mismos. La sinrazón de la violencia física o espiritual siempre acaba devorándose a sí misma.

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