19 de Septiembre de 2018

Opinión

El día después del amor

En esta inmensidad la vida es sólo un instante; pero para cada uno de nosotros ese único instante es nuestro todo.

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Es 15 de febrero, se levanta sobresaltada a las 4:36 de la mañana, según pudo constatar en el despertador de su buró. Gira. A su lado distingue la silueta de su marido, apaciblemente dormido; aquel a quien años antes había calificado como la persona más interesante que jamás había conocido, y ve con nítida claridad que lo va a dejar.

Acaba de decidir ponerle fin a su relación, un ente con muerte cerebral que, hasta ese momento,  ninguno de los dos había tenido el valor de desconectar.

La vida los atrapó. Rituales, rutina, caricias, carencias; siempre las mismas. Una relación que se detuvo. Todo igual, todo monótono. Acostada boca arriba; triste y enojada,  sus ojos se humedecen; hacia la almohada corren sus lágrimas. 

Pero no siempre fue así. Hace unos años sus vidas se unieron, cuando a través de un vidrio lo conoció, cuando desde el interior de un edificio, donde ella  trabajaba para una firma financiera, lo vio limpiando, por afuera, los ventanales del rascacielos.

Llega a un cuarto de hotel. Está enamorada. Aunque nunca han pasado de los besos y caricias, y tiene relativamente poco de conocerlo; sabe que es el amor de su vida.  El otro día le confesó: “Jamás he conocido a alguien tan interesante como tú”.

Entran  rápido y encienden la luz del baño. Al amparo de la semioscuridad, lentamente se despoja de sus prendas en la habitación.

Un 14 de febrero su  corazón, músculo repetitivo por excelencia, se sobresalta. Ve lo que quiere ver. Construye una realidad. Si su mente pervierte hechos y sucesos, no importa; pues delante, oro puro de brillo intenso que ofusca los sentidos. Quizás mañana oropel, pero hoy no entiende de razones.

Entrega y repliegue

En el orden cósmico del universo, donde confluyen miles de millones de galaxias, estrellas y planetas, siendo el nuestro uno más; quizás las implicaciones de  estos puntos de inflexión sean insignificantes; pero momentos como estos conforman nuestras vidas. En esta inmensidad  la vida es sólo un instante; pero para cada uno de nosotros ese único instante es nuestro todo.

Así que el día después del amor, que el amor siga vivo.

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