23 de Septiembre de 2018

Opinión

Diversidad y anarquía

Cada pueblo ha aportado su grano de arena para construir la realidad histórica del hombre de hoy, sin embargo un imparable desarrollo tecnológico está acabando cada día con estas diferencias.

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Al iniciar el siglo pasado, cualquiera que recorriera el planeta tenía muy poco o ningún problema para identificar en qué lugar del mundo se encontraba, la enorme diversidad de culturas de nuestro planeta permitía identificar casi sin equívocos en dónde nos encontrábamos; la manera de vestir, el tipo de comidas, la arquitectura a través de todos los continentes eran claramente distintas, de Polonia a Costa Rica o de ahí a Corea o Egipto, las actividades y existencia humanas estaban marcadas por significativas diferencias. Esta enorme variedad de culturas fue el motor del avance de la especie humana.

Cada pueblo ha aportado su grano de arena para construir la realidad histórica del hombre de hoy, sin embargo un avasallante e imparable desarrollo tecnológico está acabando cada día con estas diferencias. A través de todo el mundo, el proceso de globalización nos está moldeando a todos bajo los mismos parámetros; ahora las personas de muy diversas culturas tienden a vestirse igual, escuchar el mismo tipo de música, consumir los mismos alimentos, utilizar la misma tecnología y  medios de comunicación. Nos dirigimos cada vez más al surgimiento de una sociedad planetaria y estándar.

Contra lo que se puede pensar, aún es posible conservar la diversidad que tanto ha enriquecido a nuestra civilización, pero no con las mismas formas bajo las que lo veníamos haciendo. Ahora es posible, a pesar de la globalización, que surjan comunidades ya no limitadas por el ámbito geográfico, porque las comunicaciones han empequeñecido este nuestro mundo, pero sí que se encuentren integradas por seres humanos que compartan rasgos en específico. Así es posible que surjan comunidades de maestros, historiadores, artistas, arquitectos, filósofos, fotógrafos y mil más, que vayan aportando cada vez más al desarrollo del ser humano; en otras palabras, la nueva diversidad estará marcada no tanto por la raza o la geografía sino por la actividad y el interés.

Si bien la diversidad ha sido un regalo de los dioses para el desarrollo humano y es necesario conservarla para evitar aquello que advirtiera el periodista y filósofo  Walter Lippmann: 'Cuando todos piensan igual es porque ninguno está pensando', siempre será importante tener en cuenta que debe encontrarse dirigida por un objetivo: permitir cada vez más que el ser humano desarrolle todas sus potencialidades para su propio bien y el de quienes lo rodean, en caso contrario estaríamos abandonando una diversidad enriquecedora y estaríamos navegando hacia la promoción de la anarquía.

Y es que este mundo nuestro tan postmoderno, si bien valora enfáticamente la promoción de la diversidad en todas sus formas, tiene el error de llegar a creer que todo aquello que es diverso es bueno por el simple hecho de ser diferente y ese es un craso error. Podemos ver cómo, en el nombre de la diversidad, cada vez más conductas que antes no eran aceptadas ahora se encuentran protegidas por la ley, como es el caso del aborto, la eutanasia o el consumo de drogas. El peligro radica en acabar institucionalizando y aceptando como adecuadas conductas o situaciones que nos pueden acabar llevando al despeñadero de la anarquía.

Aceptar en el nombre de la diversidad y la libertad cualquier conducta o forma de pensamiento que no contribuya a que el ser humano sea mejor es transitar por un camino que puede llevar al declive de nuestra especie en lugar de contribuir a preservarla.
Si acabamos legalizando lo que un grupo de presión o mayoría desee, simplemente porque así le parezca adecuado, podemos toparnos con un futuro en el que se considere que la pederastia pueda llegar a ser legal, o incluso llegar a reglamentar la existencia de relaciones, parejas o familias entre seres humanos y animales. Todo esto, tan absurdo hoy a nuestros ojos, puede con el devenir del tiempo ser aceptado por un grupo social que ejerza presión para promover su aceptación legal.

La diversidad debe permitir el surgimiento de mejores hombres y mujeres para este mundo, no imagino a nadie actualmente promoviendo como aceptación de la diversidad permitir la mutilación genital de niñas, tal como se realiza en algunos lugares del África Sahariana, o la compra venta de niñas-esposas entre algunas comunidades indígenas de nuestro país, todo ello en nombre de garantizar el derecho a sus usos y costumbres. Es imperante recordar, como señalaba Jean Cocteau, que 'no se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría'.

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