18 de Septiembre de 2018

Opinión

Doce horas en la Subprocuraduría

Durante más de doce años la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte estuvo alojada...

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Durante más de doce años la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte estuvo alojada en un descuidado edificio aledaño al Palacio Municipal de Cancún, hasta que el incremento de la estadística delictiva obligó a las autoridades estatales a la reubicación a su sede actual, un inmueble en el que se han invertido millonarias cifras en su remodelación, ampliación y equipamiento, pero descuidando cubrir mínimas y elementales necesidades de quienes por una u otra causa llegan ahí.

El día 16 de julio acudí a la Subprocuraduría a fin de asistir legalmente a E.R.T, acusado de un delito menor, sin lograrlo toda vez que desde las cuatro de la tarde y por más de seis horas se interrumpió la energía eléctrica en la parte interior del edificio, específicamente en el área en la que se encuentran ubicados la “Mesa XI con detenido” y un poco más al fondo el área conocida como “los separos de la Policía Judicial”. 

El caso es que el jueves 17 permanecí en ese lugar en espera de que bajaran a E.R.T para su declaración ministerial (la cual retrasó arbitraria y deliberadamente el agente encargado de la Mesa con Detenido) por alrededor de doce horas, permitiéndome apreciar diversas situaciones “menores” que quizá antes habían pasado inadvertidas a mis sentidos debido a una estancia breve.

Ese día desfilaron en esa área aproximadamente doscientas personas, de las cuales al menos cincuenta acudieron a tramitar su carta de NO antecedentes penales. Estas permanecieron alrededor de una hora y media en promedio; pero los que iban por asuntos relacionados con la Mesa XI lo hicieron por alrededor de tres horas. Los que llevan alimentos a algún detenido, una hora. Al menos diez personas permanecieron más de cinco horas en espera de información o de que les fuera permitido entrevistarse con el detenido. 

El espacio habilitado como sala de espera es un cuadro de no más cuarenta metros cuadrados que en realidad es un pasillo que va a diversos puntos. Sólo hay doce sillas; no hay recipientes para la basura; paredes que piden a gritos una “manita de gato”; los baños permanecen bajo llave y si alguien es diabético verá cómo se las arregla. En las paredes hay varios letreros que rezan “Trámite de Antecedentes Penales” y con ello la presunción de inocencia se pulveriza. A nadie se brinda turno, cada quien va siendo atendido por el agente ministerial conforme a la personal decisión de éste. Pero lo más grave: ¡No hay clima artificial ni tampoco ventiladores!, y la única puerta que permite un reducido flujo de aire, puede ser cerrada en cualquier momento por los policías judiciales que se irritan cuando alguien sale a fumar a “su” patio. El lugar es un horno. Si esas son las condiciones del área de espera, ¿cómo estarán adentro los separos de la Policía Judicial?

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