16 de Octubre de 2018

Opinión

Dolor que se hace nuestro

Aunque les pueda parecer extraño, escuchar alguna noticia de otro estado o país, es hacerla mía. Me permiten acercarme a otras realidades hermosas y también dolorosas.

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En ocasiones  es difícil entender lo que sufren las personas en otros estados o en otros países. Cuando leemos en la prensa o vemos las  noticias de un desastre natural o cuando sabemos que están pasando por algún tipo de guerrilla o presión política, a los yucatecos nos cuesta trabajo darle el justo tamaño a lo que sucede en otros lugares, gracias a que afortunadamente los desastres naturales pasan cada 10 años y las guerras, guerrillas o presiones políticas no son catastróficas. 

En el pasado leía alguna nota sobre Sudamérica y lo lamentaba, pero de ahí no pasaba. En 2015 tuve la oportunidad de conocer y vivir con 14 mujeres de Latinoamérica, y no solamente aprendí a admirarlas sino que se quedaron en mi corazón y son parte ya de mi vida.  

Y aunque les pueda parecer extraño, escuchar alguna noticia de donde sé que alguna de ellas está es hacerla mía. Ellas me han permitido acercarme a otras realidades hermosas y también dolorosas, pero que con valentía las van enfrentando, muchas veces arriesgando su integridad física. Son un motor para que desde mi trinchera siga preparándome y hacer más por los demás.

En el último mes, a este grupo de amigas nos ha entristecido conocer la catástrofe que están sufriendo los ecuatorianos con los terremotos, que representan muchas pérdidas materiales, pero, sobre todo, de vidas humanas y animales. De igual forma, de otra parte de Sudamérica, aunque existen muy pocas noticas de la situación que están viviendo sus habitantes, de un país hermoso, Venezuela, al que poco a poco lo están destruyendo y cuya  gente sufre por falta de lo más básico y sueña con vivir en paz, me atrevo a citar a dos mujeres valientes:

 “Cada día nuestras vidas son sacudidas por el dolor y la tristeza de los que viajan a otros lugares en busca de oportunidades que aquí no existen, parten porque aquí el hampa no tiene límites, por los que se ven obligados a cerrar sus empresas y en sus rostros hay dolor y luego los consume la depresión; amigas, disculpen, hoy la lluvia y el cielo nublado hacen un día triste, uno más”. 

“Amigas, cada día es más difícil, no dejo de luchar, sólo le pido a Dios salud y fuerza para aguantar, nos unimos para que nos envíen agua, y fuimos agredidos, a mi esposo al defenderme le fracturaron la mano, he estado triste por la impunidad y denunciando no lograré nada”.

Amigas, hermanas, por ahora sólo puedo ofrecerles mis oraciones y pedir a los que me leen que se unan conmigo para que su realidad mejore muy pronto. Sé que son mujeres fuertes y de fe. Las quiero.

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