22 de Septiembre de 2018

Opinión

Don Silverio

Creo que mucho del horror que se vivió en la época de la esclavitud quedó atrapado en esas paredes y el karma hizo lo suyo...

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Para escribir mi nueva obra, estoy visitando  las haciendas del Estado. Es demoledor el abandono de muchas de ellas, algunas con todo y maquinaria de la época del henequén, otras con historias de aparecidos. Creo que mucho del horror que se vivió en la época de la esclavitud quedó atrapado en esas paredes y el karma hizo lo suyo. 

“La época de la esclavitud era muy triste, cuando cruza una persona mayor y no das los buenos días, hay una paca de henequén, allá te inclinas y te dan 12 cintarazos; aparte, se tiene preparado una palangana de naranja con sal, después que te pegan, se te echa la naranja en tu espalda”.  También  visité haciendas  restauradas que ofrecen diferentes servicios, una de ellas es Sotuta de Peón, que, gracias a la gentileza del gerente Arturo Sánchez, tuve el gusto de conocer  e informarme sobre los tiempos del oro verde. 

Después de la visita, platiqué con don Silverio, un anciano de 80 años: “Yo nací el 20 de junio de 1926.  

La vida de antes, como chan crecimos; se ganaba uno cincuenta a la semana, pero todo costaba un centavo: sal, azúcar, galleta. Antiguamente todo costaba un centavo, cuando terminas de comprar, te dan un tanto de encima. 

Cuando Bartolomé García era gobernador, no hizo el contrato para que venda las pacas. ¿Cómo va a vivir la gente? De antes el gobernador hace nomás tres años. Los patrones de la hacienda son los que nos dan trabajo, te daban un papelito que dice que $3.50. Antes había mucha educación. ¿Cómo no pones más en el papelito? No hay su picardía como ahora, eso te ponen, eso agarras. 

Mi papá murió en una cisterna,  nos dijo: voy a entrar a la cisterna, si ven que me muero y no salgo, van a ir todo recto.  No salió, allá murió. A veces cuando te metes y no puedes salir, sientes que algo te tiene agarrado, es que ese lugar tiene dueño. 

Quedé huérfano, ni ropa tenía. De antes cuando hay frío ¿con qué se tapa uno?, con pita; ahorita tenemos los cobertores que nos da el gobierno.  De antes no hay nada, de joven 4 mudas de ropa, 2 para mi trabajo y 2 para salir. Antes nadie te regala nada, con llanta de camión hago sus zapatos de mis hijos. No te da vergüenza ¡Si no hay dinero! ¡Ahorita somos ricos! Tenemos 2 pares de zapatos, tenemos cobertores. ¿De qué sirve que ahora ganes más si todo está caro? Antes sólo siembras lo que vas a vender y lo que vas a comer. ¿Para qué quieres más?”. Sabias palabras en tiempos de ambición y destrucción. Hay un Yucatán que pasa por los ojos de los antiguos, ojalá más de nosotros podamos ver ese Yucatán antiguo.

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