24 de Septiembre de 2018

Opinión

Donación y vida

Más de diez mil personas en México esperan una oportunidad para ser trasplantados de riñón, corazón, hígado o córneas.

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Hace poco menos de una semana, al regresar de un paseo familiar, fui rebasado en forma imprudente por temerario conductor que manejaba su vehículo compacto a velocidad inmoderada. 

¿Cuál sería mi sorpresa?, que 10 segundos después fui testigo de cómo una de las llantas traseras  estallaba y motivaba la pérdida del control del automotor, que se proyectaba fuera de la cinta asfáltica contra la maleza. Mientras llegaba al lugar del evento, por mi mente pasaron cientos de  escenas que a través de mi vida médica he afrontado, y como siempre imaginándome lo peor. Presto a auxiliarlos, me detuve y después de algunos minutos me percaté que ninguno  de los cinco pasajeros tenía lesiones que pusieran en riesgo su vida.

El relato sirve como referencia y  me permite destacar la fragilidad humana y de qué manera circunstancialmente los accidentes pudieran segar nuestras vidas en una fracción de segundos o, en el mejor de los casos, producir daño a órganos vitales que de forma secuencial podrían, a través de la sustitución o trasplante, devolvernos  con el afán de garantizar nuestra supervivencia.

Hemos sido testigos del sólido andamiaje legal  construido en lo que concierne a la donación y trasplante de órganos. La probada estructura facilita a familiares y médicos el proceso. A pesar de todo ello, nuestra incipiente cultura en este rubro nos mantiene rezagados, existe poca donación ante la mayúscula necesidad. 

Para que tengan una idea de este grave desbalance, a la fecha más de diez mil personas en México esperan una oportunidad para ser trasplantados  de riñón, corazón, hígado o córneas. De este gran total de necesitados, uno de cada cinco son menores de edad.

En este mundo de claroscuros y desequilibrios, es necesario tomar partido y elegir  con sensatez e inteligencia el camino de la sensibilidad y solidaridad con quienes en algún momento lo necesiten. Somos respetuosos de las creencias religiosas y pasajes anecdóticos de quienes nos precedieron, pero la generación actual tiene que pensar  con base en positivos resultados obtenidos, gracias a la magnificente tecnología en manos de expertos. 

Tengamos confianza en nuestras instituciones y el ético actuar de sus integrantes, hagamos caso omiso a los oportunismos mediáticos. Basta de buscar pretextos absurdos, asumamos nuestra responsabilidad de ayudar a otros en desgracia. Si ya  nos llegó la hora debemos de abandonar el cuerpo, cuerpo que muchas veces tiene  órganos útiles para mantener vivo a un semejante. Vivamos en otros después de la muerte a través de nuestros órganos.

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