22 de Septiembre de 2018

Opinión

Dos años a flote en Bacalar

El 11 de abril de 2011, con una discreta sonrisa en los labios y su característico bajo perfil, el ex contralor estatal Francisco Flota Medrano tomó protesta como el primer gobernante del naciente municipio de Bacalar.

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El 11 de abril de 2011, con una discreta sonrisa en los labios y su característico bajo perfil, el ex contralor estatal Francisco Flota Medrano tomó protesta como el primer gobernante del naciente municipio de Bacalar. Aunque no fue elegido en las urnas, gobernó el mismo tiempo que los alcaldes electos constitucionalmente. 

Muchos apostaron en su contra, pues Francisco Flota no había mostrado tener el carácter del líder que necesitaba el décimo municipio, señalando que tanto en su período como diputado local, y luego como titular de la Contraloría, fue siempre un funcionario tibio. 

Y así, tibio y todo, logró sortear los obstáculos –que no eran pocos– para mantener un gobierno firme y sentar las bases administrativas del municipio. 

Al nacer como municipio, Bacalar presentaba grandes carencias en la seguridad pública, en la infraestructura y en la atención a las zonas rurales, y a Flota Medrano parecía que todas esas situaciones le explotarían en las manos. 

Pero no fue así. Pese a que aún continúan reclamos de la población hacia el alcalde, hoy Bacalar es un municipio fuerte administrativamente y con finanzas sanas. Francisco Flota logró terminar un período de gobierno sin acumular deudas, cosa rara en estos días. 

En retrospectiva, la creación exprés del municipio bacalarense fue una bendición para ese pueblo, que se separó a tiempo del desastre político que es hoy el municipio capitalino, gracias a la voracidad del ex alcalde Andrés Ruiz Morcillo y a la flagrante incapacidad del edil Carlos Mario Villanueva. 

Francisco Flota no es un líder social, como sí lo fue su padre, Serapio Flota Mass; tampoco es un político de altura, y mucho menos un hábil operador de la grilla electoral. Esas son sus debilidades, y se notan. 

En Bacalar, el alcalde en funciones no tiene ningún poder sobre la sucesión. 

Su palabra no pesa y no lo toma en cuenta ninguno de los “gallos” del PRI que buscan desesperadamente un puesto de elección popular en ese municipio. 

Su tibieza no lo ha abandonado y el gallinero en el décimo municipio lo manejan viejos lobos del mar de la grilla, enfrascados en la batalla por la alcaldía, las regidurías y la diputación que ahora comparten con las comunidades rurales del municipio capitalino. 

Si bien no se le puede considerar un político de peso completo, Francisco Flota es un eficiente administrador, y ese único mérito le ha bastado para mantener a flote un municipio al que distintas voces le auguraron el fracaso. 

A dos años de su toma de protesta y a cinco meses de culminar su periodo como presidente del Concejo Ciudadano, Flota Medrano tiene las cuentas claras y duerme tranquilo, una abismal diferencia con su homólogo capitalino, Carlos Mario Villanueva.

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