18 de Septiembre de 2018

Opinión

Efectos de vida insospechados

Nuestra vida siempre acaba impactando en otras vidas...

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La maestra Leticia diagnosticó que uno de sus alumnos no estaba capacitado para seguir en la escuela regular y fue enviado a una escuela de oficios; un día, años después, llevó su automóvil a un taller mecánico, al regresar por su vehículo un joven se le acercó y le preguntó: ¿Usted es la maestra Leticia?, ella sonriente respondió que sí, el muchacho le dijo directamente: “Gracias a usted no pude estudiar, ahora estoy condenado a esta vida, lleno de grasa y ganando una miseria, sólo quería que lo sepa”. Impactada Leticia  llegó a su casa llorando.

Muchos otros factores influyeron en la vida del joven, pero él sentía su vida marcada por una decisión que consideraba injusta. Leticia lloraba mientras lo comentaba con sus compañeras e internamente se angustiaba al pensar que podía haber marcado negativamente una vida.

Nuestra vida siempre acaba impactando en otras vidas. Juan salía de la infancia cuando su vida se vio marcada por acontecimientos que lo acabaron sumiendo en un pozo de tristeza y dolor; introvertido, callado e inseguro, su vida era solitaria, refugiada en los deportes. En los primeros años de la adolescencia encontró por fin un amigo con quien compartir sus inquietudes, sus alegrías y esperanzas, abandonado por los padres acabó viviendo en su casa y volviéndose uno más de sus hermanos, pero el veneno de la traición y la envidia acabarían destruyendo la amistad y convenciéndolo de que la amistad sólo era una farsa, una catarata de palabras huecas.

Cuando llegó la ilusión del primer amor, Juan sintió que al fin había encontrado en quién depositar su confianza: ¡sí había personas en las que se pudiera creer y confiar! Durante unos meses la vida le sonrió y sentía la alegría de vivir corriendo a raudales por sus venas, pero repentinamente un terremoto arrasaría con su paraíso, la niña-mujer motivo de su felicidad lo abandonaba y con apenas 15 años se casaba embarazada de cuatro meses con un hombre mucho mayor; el infierno se abrió bajo sus pies, la traición clavó su doloroso aguijón hasta el tuétano de sus huesos, su mente adolescente le gritaba que no era posible confiar en los amigos, ni en las mujeres.

Por un largo tiempo permaneció sumergido en el dolor, durante esa época su padre tuvo problemas muy graves con el negocio familiar, eran días difíciles para toda la familia, entendió que si en alguien podía confiar y dedicar su vida y esfuerzo era en su familia. Juan abandonó los estudios y se dedicó en cuerpo y alma a trabajar para ayudar a su padre, meses y meses de trabajo y esfuerzo dieron resultado, todo mejoró y de tal manera que la abundancia llegó a la familia; en medio de esa abundancia el muchacho descubrió que su padre tenía una amante e hijos con ella; repentinamente todo lo que le daba sustento a su vida desapareció, la nada invadió su vida.

Convencido de que no había más verdad que la traición, la esperanza le parecía una palabra propia de estúpidos, la vida era para él una prostituta que sólo estaba dispuesta a sonreírle a quien quisiera pagar sus caricias con las monedas de la traición, el egoísmo y la insensibilidad; abrazando fuertemente el alcohol, lo convirtió en el centro de su vida; prácticamente todos los días de la semana estaba borracho o con resaca. Envuelto en una espiral de autodestrucción se descubrió a sí mismo leyendo un día una columna de un sacerdote español que se publicaba en el periódico local, extrañamente parecía que todo estaba escrito para él, a través de la lectura semanal comenzó a cuestionar las verdades a las que había dado cabida en su vida.

Lentamente, gota a gota, la paz llegó a su vida, su visión del mundo acabó cambiando radicalmente gracias a que un desconocido le hablaba al oído a través de todo el Atlántico. Abandonó el alcohol y con los años se casó, tuvo hijos, un trabajo productivo y recuperó la alegría por la vida y la esperanza, todo gracias a un perfecto desconocido que salvó su vida sin saberlo. Es así como, sin percibirlo, nuestras decisiones impactan en la vida de quienes nos rodean; para bien o para mal, todo lo que hacemos tiene consecuencias inimaginables en la vida de los demás.

Nuestra influencia en la vida de los otros es insospechada, si nuestros pensamientos, palabras y actos están dirigidos por el amor, los beneficios para los demás pueden ser incalculables; si no lo están, las consecuencias negativas también pueden serlo. Es nuestro privilegio decidir: ¿qué vamos a elegir?.

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