22 de Septiembre de 2018

Opinión

El analgésico virtual

En algún momento todos nos hemos preguntando por qué las redes sociales son tan populares para el debate...

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En algún momento todos nos hemos preguntando por qué las redes sociales son tan populares para el debate, o cuál es el motivo que las hace tan especiales y exitosas. Una respuesta la encontramos en la lucha de los valores y antivalores. 

Bajo el anonimato se pueden hacer muchas cosas, no del todo negativas o criminales por su puesto, pero usando esa máscara “del olvido al no me acuerdo”, podemos decir y hacer cuanto nos plazca en la red social, sin esperar consecuencias personales. 

Pensemos en Anonymous y sus “tweets”; no hay uno sólo que no reciba “RT” o favoriteos, y no siempre por ser 100% entendidos, sino porque van en contra del orden o valores establecidos; vamos, que le llevan la contra a lo que normalmente se da por cierto. Sus mensajes son un éxito: el público aplaude y comparte las denuncias, siempre jugosas y endulzadas para revelar una verdad que convence a prácticamente todo el que lo lea.

Hace poco terminamos de leer “Las reputaciones”, de Juan Gabriel Velásquez, novela sobre las vicisitudes de Javier Mallarino, un caricaturista político; y un pasaje llamó nuestra atención: “El riesgo del dibujo es convertirse en un analgésico social: las cosas dibujadas se vuelven más comprensibles, más asimilables. Nos duele menos enfrentarlas. Yo no quisiera que mis dibujos hicieran eso, claro que no. Pero no sé si se pueda evitar”. 

Imaginemos un “tweet” o una publicación en Facebook como un cartón de Mallarino, y encontramos en su breve reflexión una realidad trepidante del mundo digital, producto de nuestro propio actuar. ¿Las redes sociales nos dicen la verdad o sólo una versión de la misma? ¿Nos pintan las circunstancias reales o nos dejan entrever lo “necesario” para que entendamos lo que otro usuario quiere que creamos? A punto de iniciar la jornada rumbo a la crucial elección de junio, siento que ésta es la reflexión que los quintanarroenses debemos hacernos al navegar en internet. 

Conscientes o no de ello, a diario nos bombardean de información política en las redes sociales. Las inserciones en los “timeline” son más frecuentes y –no se puede negar- bastante obvias sobre lo que los “social media managers” de los candidatos quieren que creamos sobre estos. Afortunadamente, a pesar de ola de apatía política que envuelve al quintanarroense promedio, estas publicaciones digitales no engañan a nadie, y reciben tantos “likes” como insultos.

Pero el otro lado de la moneda también sufre el desprecio de los usuarios que, hartos de encontrar en sus redes sociales versiones analgésicas de la problemática estatal o críticas sin más contexto que la queja del día de un personaje despreciado por el poder, creen que la denuncia es falsa o movida por intereses ajenos al bienestar de la sociedad.

Desafortunadamente esto ocurre con más frecuencia de la podemos imaginar, pues nuestro escenario político tiene muchos actores en ese papel y saben usar muy bien Twitter y Facebook para generar hartazgo, haciendo de la realidad una caricatura que causa risa, en lugar de indignación. 

Expertos impopulares 

Un detalle muy curioso viene a nuestra mente, derivado de la polémica de la semana pasada sobre el dólar y @AndreaLegarreta. Sí, ya sabemos que dijo, la reacción y burlas del respetable público “twittero” a su “experiencia en finanzas”… pero, ¿qué acaso ese “respetable” conjunto de usuarios no es el mismo que se burla de Agustín Carstens? 

Personaje singular, el gobernador del Banco de México es víctima de la crítica mordaz en medios digitales a pesar de que es el experto en finanzas por el que Twitter y Facebook clamaron la semana pasada, en contraposición a Legarreta y su actuada declaración. Así a veces es el público en redes sociales: no toma el salvavidas aunque se esté ahogando, sólo porque quien se lo lanza, no le cae bien. 

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