18 de Noviembre de 2018

Opinión

El bardo druida

López Velarde admiraría a José Juan Tablada, que en sus inicios fue modernista, sin estar plenamente convencido de sus “ultramodernos” poemas ideográficos.

Compartir en Facebook El bardo druidaCompartir en Twiiter El bardo druida

Para mi amigo Wilberth Mézquita, que padece como yo reflujo de bilis negra -melancolía vulgaris- por la “vieja” poesía

Junio es, para algunos nostálgicos incorregibles, el mes de Ramón López Velarde, pues el próximo día 15 se conmemora su natalicio en el lejano 1888 y el 19 su temprana muerte ocurrida en 1921. Acababa de cumplir los 33 años, edad que una tradición incomprobable nos enseñó que tenía Jesucristo en el tiempo de la Pasión. Ramón también, aunque no tan importante, fue un trueno que rasgó el firmamento de manera un poco sobrenatural. 

Alguna sustancia de misterio y espiritualidad habrá ingerido en su temprana estancia en el seminario, que después derivaría en palabras destiladas y en contraste de sentidos inesperados que lo hacen único, entre latines y maitines y algo de rancio griego. 

Contrastes de la voz de López Velarde, vitalizados en la fuente de la poesía modernista de la que abrevó y de la que fue epígono, que quiere decir un sucesor y un renovador más que digno.

Como no ver al futuro poeta Ramón en estos versos de Amado Nervo que hablan de un teólogo “de gran melena y de mirar profundo” empeñado en hablarle de Dios a su amada, seguramente terrenal y algo mundana, diciéndole: ¿Qué, no adivinas con instinto infuso / de su eterna mirada el embeleso / alumbrando tu espíritu confuso?”, a lo que la dama responde con una brillante lección del arte del buen amor, siguiendo la rima de su extraviado interlocutor: “Tu Dios es muy abstruso, / yo prefiero tus labios... ¡Dame un beso!

Después, López Velarde admiraría a José Juan Tablada, que en sus inicios fue modernista, sin estar plenamente convencido de sus “ultramodernos” poemas ideográficos, caligramas y versos sintéticos, evocación mestiza del haikú japonés que lo hicieron precursor del ultraísmo: Pavo real, largo fulgor, / por el gallinero demócrata / pasas como una procesión.

Serían reconocidos ambos como los iniciadores de la poesía mexicana moderna.

Déjenme enfatizar esta breve y antojadiza viñeta del autor de la Suave Patria, insistiendo en la vena de sus latines y maitines y su paganismo vital y reconciliador: Soy la fronda parlante en que se mece / el pecho germinal del bardo druida / con la selva por diosa y por querida… / Y soy el suspirante cristianismo / al hojear las bienaventuranzas / de la virgen que fue mi catecismo. 

A Fuensanta no intentaba seducirla haciéndola voltear al cielo con la teología del poeta de Nervo, sino abriéndolo y derramándolo en ella: Las llaves con que he abierto tu corazón, mis llaves / sagradas son las mismas de Pedro el Pescador; / y mis alejandrinos, por tristes y por graves, / son como los versículos proféticos de un canto, / y hasta las doce horas de mis días de amor / serán los doce frutos del Espíritu Santo. 

Y a sus paisanas las enamora enmascarando al fauno con manto de beatitud: Jerezanas, / yo aspiro a ser el casto reyezuelo / de los días en que os sentí / probadas por el Cielo. Así serán de bellas.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios