13 de Diciembre de 2017

Opinión

El club de 0 discusión

Muchos de nosotros gastamos una enorme cantidad de tiempo y energía intentando demostrar que tenemos “la razón”.

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La verdad absoluta sólo la tiene Dios.- Chesterton

No pasa nada si permito que los demás tengan razón. La pregunta es ¿tengo la razón? ¿O quiero defender mi posición? La necesidad de tener la razón o que la otra persona esté equivocada y además “que lo reconozca”, es enfermiza.

Muchos de nosotros gastamos una enorme cantidad de tiempo y energía intentando demostrar que tenemos “la razón”.

Algunas personas consciente o inconscientemente creen que su misión (imposible, por cierto) es demostrar que las posiciones, afirmaciones o puntos de vista de otros son incorrectos y que a quien corrigen les debe agradecer y aprender algo con su “infalibilidad”.

Una batalla de egos conlleva muchas pérdidas. La estrategia maravillosa de dejarle a los demás la alegría de tener “la razón…”, de disfrutar su “momento de gloria”, da grandes dividendos.

Se puede expresar lo que se piensa más no imponer. No quiero estropear un encuentro agradable y pacífico que puede aportar riqueza y dejar un buen sabor para el próximo encuentro. Dejar de corregir. Lo cierto es que todos queremos y necesitamos respeto, que nuestras posiciones sean comprendidas por los demás. No pasa nada si dejo correr las “verdades” del otro y yo me quedo con las mías sin necesidad de enzarzarme en una discusión para probar lo contrario. Las relaciones humanas mejoran y estaremos menos a la defensiva volviéndonos más abiertos y afectuosos.

Ser escuchados es una necesidad humana. Escuchando ganaremos sabiduría, respeto y hasta admiración.

En realidad, todos con los que nos encontramos tienen algo que enseñarnos. Ejemplo, algún conductor agresivo o el joven irrespetuoso son maestros para ejercitar la paciencia y recordarnos que ignoramos las carencias y/o necesidades que los llevan a ese comportamiento.

Una actitud inteligente es darnos cuenta de lo que nos enseñan. Cuando hacemos esto, nos sentimos muchísimo mejor, menos molestos y frustrados. ¡Ah! además nos llevan a reflexionar acerca de nuestras propias acciones e imperfecciones para entrar al “Círculo de Mejora Continua”.

Cuando abordamos la vida de esta manera encontramos la postura anhelada de:
Tú ganas = Yo gano.

Yo gano = Tú ganas
Constátalo ¡todos ganamos!
¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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