15 de Diciembre de 2017

Opinión

El derecho a decidir

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Este martes, además de la presidencia, se juega en los Estados Unidos algo que para mí ya supone un triunfo cultural: tres estados irán a referéndum para legalizar la marihuana. No se trata de alegar finalidades terapéuticas, como en otros estados, sino de fines puramente recreativos.

No estoy seguro de los resultados aunque, dada la historia del puritanismo fundacional norteamericano, es muy posible que gane el No. Sin embargo, el solo hecho de que la pregunta se plantee en Oregon, Washington y Colorado supone un avance en el pensamiento de los norteamericanos respecto a un derecho que ha sido visto desde una perspectiva de moralidad pública y que, hasta hoy, ha perdido todas las batallas.
Antes de continuar quiero dejar bien claro que plantear la legalización de la marihuana como el triunfo de un derecho no significa que promueva su consumo.

Hace 40 años que no bebo una gota de alcohol, luego de conocer en mi juventud el horror, el auténtico infierno al que puede llegarse por esta adicción, sin distinción de edades ni de sexos. Sin embargo, jamás pediría que se negase a los demás el derecho a beber. Inclusive, la terapia contra el alcoholismo parte de que haya la voluntad de no beber en el enfermo, no de que se imponga una ley prohibicionista.

Puedo decir lo mismo, tras haber fumado durante muchas décadas tres cajetillas diarias. Se deja de fumar porque se escoge, no porque esté prohibido. En terapias de este tipo la prohibición es contraproducente.

Aparte de los males que la prohibición conlleva, y están a la vista en toda la sangre derramada por la “guerra contra el narco”, hay una falta de respeto fundamental en el prohibicionismo: se nos considera menores de edad y se nos “cuida”. No estamos “maduros” para tomar decisiones. No estamos maduros para la democracia y el Big Brother debe decidir por nosotros.

Cada vez más voces de presidentes latinoamericanos y figuras indiscutibles del pensamiento contemporáneo están por la legalización.

Que simplemente se planteen las cosas en estos términos en Estados Unidos es ya una victoria, como lo fue en California, aun cuando se haya perdido. Ya sólo es cuestión de tiempo para permear las conciencias.

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