13 de Diciembre de 2018

Opinión

El drama de la niñez mexicana

Decía un canto de los niños uruguayos después de jugar un partido de fútbol: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos”...

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Decía un canto de los niños uruguayos después de jugar un partido de fútbol: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos” y ese espíritu de alegría es el que debería existir siempre entre los niños de este mundo, sólo que para millones de ellos no hay posibilidad de ser felices porque tienen que convertirse  en adultos de manera prematura.

Las consecuencias de vivir en una sociedad desigual como la nuestra, donde la distribución de la riqueza nacional se concentra en unas cuantas manos y donde el trabajo de los padres no alcanza para mantener a una familia, ha originado que millones de niños tengan que convertirse en obreros antes de cumplir los diez años de edad, lo que en el estricto sentido de la palabra, es un verdadero drama social.

Según estadísticas más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en México, más del 53 por ciento de los niños y jóvenes de cero a 17 años, viven en condiciones de pobreza, mientras que tres de cada 10 pasan hambre, siendo Veracruz, Chiapas, Jalisco, Guanajuato, Michoacán y el Estado de México, las entidades que registran más niños en pobreza.

Hablamos de 21.2 millones de niños que presentan carencias en vivienda, seguridad social, salud o alimentación, una verdadera injusticia social en un país que según se dice, es la catorceava economía mundial, solo que se les olvida que los númerosfríos, no significan nada cuando hay millones de personas en extrema pobreza, algo así como el 50 por ciento de la población total del país.

De esos millones en condiciones de miseria, los niños y jóvenes forman una parte significativa, sin embargo el problema es mayor que para los adultos, debido a que se encuentran en pleno desarrollo físico y mental, pero al no consumir los nutrientes necesarios, están destinados a sufrir desnutrición, anemia, bajo peso, problemas de autoestima y propensión a padecer enfermedades originadas por la pobreza.

No estamos hablando entonces de un problema relacionado con tener o no tener los recursos necesarios para alcanzar una vida mejor, sino de carencias significativas en una etapa de la vida, que debería considerarse la más feliz en la existencia de cualquier ser humano.

Pero además de no poder disfrutar de la vida como es el derecho de todos los niños del mundo, los infantes mexicanos tienen que dejar de estudiar (en caso de que hubieran ido alguna vez a la escuela), para dedicarse a trabajar, casi siempre en condiciones infrahumanas, con salarios miserables, maltratos y toda clase de abusos de parte de sus patrones.

Si los niños de las ciudades que tienen obligación de trabajar sufren de todas esas “incomodidades”, podemos imaginar lo que tienen que padecer aquellos de origen indígena que trabajan en las zonas rurales y que son los más pobres entre los pobres, porque incluso hay niveles de pobreza, para vergüenza de la potencia que ocupa el número 14 de las naciones más desarrolladas del mundo.

Hasta ahora, todas las políticas sociales encaminadas supuestamente al combate de la pobreza, han resultado un fracaso, porque no se ha querido ir a la raíz de la problemática: el sistema económico que cada vez produce más ricos, pero de manera exponencial engendra también más pobres que no son beneficiarios de los servicios más esenciales para vivir dignamente.

México es un país enfermo en muchos sentidos, nuestros políticos no ven más allá de sus narices, sus estrategias para combatir la marginación y la pobreza ancestrales, tienen fecha de caducidad, no están diseñadas a largo plazo para sentar los cimientos de un sistema económico que pueda hacer frente a la creciente desigualdad.

Pobre mi país, tan lleno de gente valiosa, pero en manos de políticos sin compromiso social, con personajes acostumbrados al poder, pero que no son capaces ni siquiera de pensar por sí mismos y que tienen que seguir las directrices del que manda aunque se equivoque.   

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