21 de Septiembre de 2018

Opinión

El eco siempre dice la última palabra

Hace poco escuché una declaración coherente en materia de tránsito, acorde a una ciudad que ha crecido en infraestructura vial, parque vehicular y población...

Compartir en Facebook El eco siempre dice la última palabraCompartir en Twiiter El eco siempre dice la última palabra

Hace poco escuché una declaración coherente en materia de tránsito, acorde a una ciudad que ha crecido en infraestructura vial, parque vehicular y población: ir retirando paulatinamente de las calles los aborrecibles, denigrantes e inenarrables topes. ¿Por qué no?

De paso habría que retirar también a los ruleteros, chafiretes de combis y camiones del transporte público, guaruras de funcionarios en días francos, refresqueros, júniores y beliceños que vienen a Chetumal a hacer lo que en su país les costaría la cárcel.

El director de Tránsito de la Secretaría de Seguridad Pública, Carlos Briceño Villagómez, expresó lo que todo ente civilizado piensa, con el plus de que se trata de una autoridad y que lo dijo públicamente, pero con la salvedad de que encabeza al grupo de responsables de hacer valer el reglamento, la ley en materia, y que sólo se hacen notar en dos situaciones: si sucede un accidente vial de cualquier magnitud, o si son reclamados para montar el dispositivo de seguridad callejera previo, durante y después de algún evento gubernamental. En cualquier otro momento es difícil encontrarlos.

En mi muy humilde opinión, los topes que han sido instalados en diferentes puntos de la ciudad –unos por necesidad y otros a solicitud de influyentes– obedecen a la falta de civilidad de la gran mayoría de conductores capitalinos, porque a la lista arriba señalada habría que añadir no pocos particulares, cafres del volante. Y aquí descarto a mi papá porque ya no vive en Chetumal.

Pienso que para comenzar a quitar esos obstáculos de nuestras calles y avenidas, tendría que haber un operativo permanente de la Dirección de Tránsito para hacer entrar en razón a los conductores sobre la necesidad de respetar los límites de velocidad y dejar muy claro de que se trata de 40 kilómetros por hora MÁXIMO, porque, como bien decía una muy estimada amiga, los señalamientos no hacen esta precisión, por muy obvio que parezca.

Luego sería necesario otro operativo intermitente para meter en cintura a los taxistas y choferes del transporte público, aplicando sin distingo las sanciones que marca el reglamento. No importa que Eliezer Argüelles Borge, líder sindical, ponga el grito en el cielo. Chetumal merece prestadores de servicios con educación, no patanes al volante (y que me dispensen los justos que pagarán por los pecadores).

Esta misma medicina tendría que aplicar para todo ciudadano que no respete las disposiciones, aunque se trate del hijo, hijastro, ahijado o pariente de algún político encumbrado. Si hablamos en verdad de servidores públicos, estos deben entender que la ley se aplica con el mismo rasero.

De los vecinos centroamericanos… ¡Qué decir! Usted, que ha ido cuando menos a la free zone beliceña, ya sabe cómo se las gastan los policías de aquél lado. Entonces ¿por qué nuestros uniformados permiten que los visitantes beliceños hagan de las suyas cuando vienen de party a la capital? ¿Seducidos por dolaritos de a seis por uno?

Son muchas las incongruencias que surgen de la Dirección de Tránsito como para pensar que pudieran retirarse los topes de las calles en breve. 

Sería atentar contra la integridad física de los ciudadanos ajenos a tales trogloditas del asfalto.

La cortesía para conducir es algo tan inusual en Chetumal como el respeto por los señalamientos viales y los transeúntes. Conducir ebrio se ha ido convirtiendo en deporte cotidiano y utilizar cualquier vía despejada como pista de carreras es el delirio de los muchachos de hoy.

En tales condiciones, mi estimable Carlos Briceño Villagómez, la idea de retirar gradualmente los topes de las calles citadinas resulta mero sueño guajiro. Yo, como usted y otros tantos miles de ciudadanos soñamos con ese día, pero no será antes de que la propia corporación haga valer la ley. Y ojalá no me nieguen la renovación de mi licencia como represalia por expresar nada más que mi sincero punto de vista.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios