23 de Septiembre de 2018

Opinión

El “efecto cobra”

Los políticos deben estudiar los alcances de sus programas públicos para prever las efectos negativos que pueden tener en el colectivo social.

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Durante la administración de la India colonial, a los funcionarios británicos se les ocurrió una idea para reducir el número de muertes que las cobras y su letal veneno ocasionaban en la población.

Aplicaron una política en Delhi que creyeron erradicaría el problema: a todo aquel que presentara una cobra muerta se le otorgaría una cantidad de dinero.

La respuesta de algunos ciudadanos, para sorpresa de los británicos, fue instalar granjas clandestinas donde criaban estas serpientes para cobrar la recompensa.

Cuando la administración empezó a recibir cobras muertas en demasía, las autoridades se dieron cuenta de que la de pagar por los ofidios no era una idea tan inteligente y rescindieron el esquema.

Los criadores se quedaron con una pequeña población de cobras y sin un mercado para venderlas, así que la mayoría optó por liberarlas.

Así fue como, en cierto grado, los funcionarios británicos empeoraron el problema que querían solucionar con una pésima política pública; dando nombre al “efecto cobra”.

Al programa “Hoy no circula” de la Ciudad de México se le ha acusado de agravar el problema del tráfico y la contaminación del aire. Al no poder utilizar su vehículo toda la semana, un sector de la población ha optado por comprar otro.


Parecería más fácil comprar placas ilegales y, aunque ese mercado también existe, la mayoría ha preferido burlar el sistema legalmente, comprando otro automóvil…

Aunque, como podría imaginarse, el segundo vehículo será en su gran mayoría un modelo viejo, de baja eficiencia energética y un mayor contaminante. Como ese auto no se queda estacionado hasta que llegue el día en que el otro no circula, el tráfico aumenta y la contaminación también.

En algunos programas sociales en México, a diferencia de países como China, a las familias de escasos recursos se les otorga un apoyo económico que aumenta por cada hijo que tengan. Esto les incentiva a tener más hijos sin valorar el impacto real en la economía familiar, disminuyendo su calidad de vida.

Los tomadores de decisión, ya sean políticos o ejecutivos en empresas, están obligados a estudiar las externalidades de sus iniciativas para evitar este efecto que sólo evidencia un mal uso de los incentivos. Ahí recae la importancia de tener personas preparadas en estos puestos.

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