16 de Julio de 2018

Opinión

El farol azul

Quienes están acostumbrados a ver las cosas desde el cristal azul, tal vez bajo la inercia de los 12 años que gobernaron con Fox y Calderón, insisten en cantar la apología del pírrico triunfo de Madero.

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Para nadie es un secreto que fue Madero, por la estrepitosa derrota en las presidenciales que  redujo a su partido al tercer lugar,  quien maquinó la reforma electoral para desaparecer al IFE y crear un INE con innegables características centralistas y que luego, buscando elevar su “capacidad negociadora”, se paró de la mesa, dejando inacabada la reglamentación correspondiente, lo que pone en condiciones vulnerables las elecciones intermedias.

La justificación que vendió, y que muchos compraron, para esa modificaciones fue, farol en la calle, la necesidad de sacar las manos de los gobernadores de los procesos electorales, pues la influencia que a su juicio ejercen en los órganos que rigen los comicios impide que éstos pudieran desarrollarse conforme a las normas democráticas. 
Incapaz, pues, de reconocer las causas reales que originaron  la derrota de su candidata y en busca de una coartada que le permitiera justificar su parte correspondiente de responsabilidad, prefirió echarles la culpa a los gobernadores y a su presunta capacidad para manipular los procesos electorales.

Con estos “argumentos” proyectó la campaña para su reelección en la presidencia de su partido, proceso en el que la apertura en la votación de los afiliados panistas puede verse como un elemento exclusivamente táctico para ganar tiempo, así como para establecer las alianzas y compromisos que le permitieran asegurar su triunfo.

Concluidas ya las internas del PAN, conocidos ya sus resultados, así como la decisión de Cordero de no impugnar, quienes están acostumbrados a ver las cosas desde el cristal azul, tal vez bajo la inercia de los 12 años que gobernaron con Fox y Calderón, insisten en cantar la apología del pírrico triunfo de Madero.

Dicen, por ejemplo, que la votación de los militantes en la elección de su presidente nacional no tiene precedente, lo que resulta parcialmente cierto, pues si bien nunca se había realizado en el PAN, mucho antes lo hizo el PRI, en circunstancias similares, pues había perdido la Presidencia de la República, entre Beatriz Paredes y Roberto Madrazo, con una participación, esa sí, multitudinaria. Además, la rasurada previa del padrón de Madero demerita su elección.

Y en esa perspectiva, pasan por alto la incongruencia extrema de Madero que, a pesar de haber denunciado la manipulación de los gobernadores en los procesos electorales, oscuridad en su casa, basó su triunfo precisamente en el apoyo de los gobernantes del PAN, siendo tal el activismo del poblano Moreno Valle que impidió que Cordero pudiera ahí hacer proselitismo, además de  coaccionar y acarrear a los votantes. 

Hay quienes hoy, emocionados, hacen a Madero presidenciable, pero ni han ponderado las graves fracturas que produjeron sus internas, ni las facturas que deberá pagar. A Moreno Valle, por ejemplo, que jamás ha ocultado sus ambiciones presidenciales.

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