16 de Enero de 2018

Opinión

El fin del poder

Dice Naím, el poder autocrático es una rareza en estos tiempos y lo será cada vez más.

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Moisés Naím, el destacado intelectual venezolano, acaba de publicar un nuevo libro (The end of power). La premisa de Naím es provocadora: el poder como lo conocíamos está llegando a su fin. Naím se inspira en tres tendencias que ha descubierto y le llama las “tres m’s”: “movilidad”, “mentalidad” y “más”. Naím nota que la población mundial es cada vez más móvil, tiene a su alcance cada vez más recursos de todo tipo y ha adoptado una mentalidad de constante inconformidad que genera una suerte de desconfianza casi irremediable de la autoridad.

La consecuencia es que, en diversas zonas del quehacer humano, los poderosos son cada vez menos, tienen menos poder y el poder que tienen es frágil y transitorio. Naím ilustra su argumento con ejemplos tan diversos como el ajedrez, las grandes empresas y, claro, la criminalidad. Naím señala una serie de consecuencias positivas para el fin del poder. Las dictaduras, por ejemplo, se están acabando.

Cada vez más países se han vuelto soberanos y/o democráticos. En cambio, dice Naím, el poder autocrático es una rareza en estos tiempos y lo será cada vez más. La razón es simple: la diseminación del poder hace ingobernable lo que antes era fácilmente controlable: Desde los usos y costumbres de una población determinada hasta su voluntad de cambio o, en términos nietzscheanos, su voluntad de poder.

Pero Naím también advierte riesgos muy claros tras el fenómeno que describe. Estas democracias en las que el poder se ha pulverizado pueden asimismo dar pie a la parálisis, la polarización: democracias que se vuelven “vetocracias”, dice Naím. El libro concluye con una invitación emocionante y provocadora a mirar este tiempo como una era de reinvención. Naím subraya que la humanidad dejó hace tiempo de innovar en la manera en que se gobierna.

Desde el siglo XVIII, hemos dejado de lado la obligación de encontrar nuevas y mejores maneras de incluir las necesidades y hasta los deseos de todos en el acto de gobernar. En un mundo donde el poder con P mayúscula en todas las áreas tiende a desaparecer, no nos queda de otra más que encontrarle un orden a este nuevo poder diseminado. Naím lo tiene claro: el futuro está en manos de los más jóvenes, quienes tendrán que encontrar la manera de transformar este frenesí de libertad, su reciente y notable adquisición de poder, en una nueva vía de gobierno, en un nuevo y mejor ejercicio del poder que no incluya un rechazo adolescente e inútil de las instituciones. No es un reto menor. 

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