El futuro está en Vallarta

En este municipio, se dispone de 500 toneladas de basura al mes sin dañar el medio ambiente.

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Cuando alguien calcula que en México las cosas pueden salir bien, generalmente se equivoca. Y cuando algo está bien hay una docena de factores e intereses empeñados en que salga mal y que lo bueno tenga como consecuencia y destino el fracaso.

Esa es la historia del confinamiento de desechos sólidos de Puerto Vallarta, Jalisco; y es que el desorden y las cosas mal hechas en este país son un gran negocio.

¿Es posible que exista un basurero que no huela feo a kilómetros de distancia? Sí. ¿Puede existir un parque ecológico junto al destino final de los desechos de una ciudad? Sí. ¿Aprovechar las llantas y desaparecer los líquidos tóxicos de la basura es una realidad? Sí.

Pues eso es lo que ocurre en el municipio de Puerto Vallarta, donde se dispone de 500 toneladas de basura al mes sin dañar el medio ambiente, dando empleo a una comunidad rural y sin quitarle el sustento a los pepenadores.

Pues es verdad, y es de no creerse, que ahí puede uno estar sentado comiendo una torta o asando carne para un día de campo familiar en un parque ecológico y que a menos de 100 metros haya un confinamiento de basura.

Es una historia que, sin duda, parece increíble, pero es cierta y ocurre en México; sin embargo, como siempre pasa aquí, tiene que haber un pelo en la sopa o un negrito en el arroz.

Resulta que Demetrio Guerrero, ex panista que llegó a la alcaldía de Puerto Vallarta bajo las siglas del partido Movimiento Ciudadano, quiere reventar el proyecto pues, como se trata de un contrato concesionado a la IP que no le deja en el camino la derrama propia de la corrupción que caracteriza a las mafias de la basura, se niega a pagar el servicio por el manejo de un confinamiento propio del primer mundo y de un futuro sustentable.

Solo en este país ocurre algo así: cuando hay una iniciativa que trae ganancias para la sociedad, siempre surgen intereses que no quieren que prosperen porque el dinero no escurre a sus bolsillos.

Es la historia de siempre en México, anclado al pasado y a las corruptelas que se niegan a dejar de estar presentes y a cobrar su cuota en todos los niveles de gobierno, sin importar el color de su partido de origen.

Lo que son las cosas, el futuro está en Vallarta, pero no lo quieren dejar llegar.

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