20 de Octubre de 2018

Opinión

El género y el medio ambiente

Si bien el antropocentrismo expresa una voluntad de someter la naturaleza, el androcentrismo reserva y connota el saber y el conocimiento.

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La reflexión sobre sociedades humanas y recursos ha contado a lo largo de su ya dilatada experiencia con las aportaciones del pensamiento feminista, que ha ido incorporando la perspectiva de género y sus especificidades. 

Aunado a que el creciente interés político y social por los temas medioambientales, que alcanza ya el rango de problema o preocupación de primer orden, no puede ser únicamente explicado por el lógico devenir del tiempo y la implantación de unos novedosos postulados que enarbolaba hace ya casi tres décadas un incipiente y crítico movimiento ecologista, sino que viene dado por la constatación de las nefastas consecuencias de un modelo de crecimiento, que junto con otras consideraciones de índole social y económica, se ha revelado como el origen de una crisis civilizatoria sin precedentes de orden ecológico que hipoteca presente y futuro y destruye cualquier atisbo de solidaridad intergeneracional.

Los puntos de confluencia entre la problemática ambiental y la mujer pueden sintetizarse en dos planos, de un lado el de la propia localización desde la que se realiza la reflexión feminista, que no es otra que la que remite a la tradicional identificación, desde las estructuras patriarcales, de mujeres y naturaleza, para justificar la dominación de ambas, si bien el antropocentrismo expresa una voluntad de someter la naturaleza, el androcentrismo, en lógico correlato, reserva y connota el saber y el conocimiento, como valores propios de la masculinidad. 

Hoy, cuando ya resulta inevitable la conexión entre economía y ecosistemas, se esboza una secuencia de cambios sociales que viene a redefinir conceptos, discursos y prácticas, tanto en el plano ideológico como en la acción propiamente dicha. Sin duda las mujeres continúan hasta hoy siendo las más arraigadas a los recursos naturales, dando muestra de que el género divide las responsabilidades hacia el respeto y cuidado del medio ambiente. 

La citada vinculación entre la dominación/opresión de la mujer y la dominación/explotación de la naturaleza, da en el correlato del pensamiento patriarcal que considera a la mujer más próxima a la naturaleza y al varón más próximo a la cultura, entendiendo que la naturaleza es inferior a la cultura. De ello lógicamente, se deriva una ligazón entre mujer y medio ambiente, en clave de dominación compartida a la que se debe poner fin.

El nivel de desarrollo económico y la estructura social correspondiente tienen una traducción inmediata en el propio peso de la mujer en los procesos de toma de decisiones, así como en su legitimación y reconocimiento social por parte de su comunidad. 

Las reacciones femeninas a la degradación en sus múltiples formas, todas puestas en relación con la amenaza a la vida, y a un acceso diferencial a los recursos y al bienestar, se sustentan tanto en la mayor adaptabilidad de las mujeres a situaciones no resueltas por un modelo de crecimiento y un conocimiento parcializado y especializado, como por su visión holística, sin olvidar su particular vivencia histórica de ser el objetivo de regulación social, por antonomasia, en caso de contradicción recursos-superpoblación-supervivencia colectiva, que se saldaba con la eliminación de las niñas  en las sociedades primitivas, práctica de la que aún quedan vestigios en forma atemperada, pero que conforma la memoria histórica colectiva de quienes son entendidas como una amenaza por su propia comunidad de pertenencia llegado el caso.

Pese a la no correspondencia entre reconocimiento social/derechos/actividad, las mujeres han hecho suya la premisa de que la ecología de las sociedades humanas es la evolución de sus conciencias, o si se prefiere han practicado aquel principio de que democracia política, social y ecológica son conceptos entrelazados.

La participación de las mujeres en movilizaciones ambientales ha servido para redefinir sus hábitos y su capacidad de inserción en su comunidad, ahora ya como sujeto activo, lo que viene a poner de manifiesto una conceptualización femenina y una percepción de género que aportar, por lo que cabe hablar con toda propiedad de un modelo femenino de conciencia y acción medio ambientalcolectiva y con umbrales de acción política.

Aun constatando las diferencias entre una y otra forma de respuesta o precisamente por ello, resulta especialmente significativo proceder a analizar algunas de las características definitorias de las tareas femeninas en defensa del medio ambiente, de las cuales me permitiré compartirle la próxima semana.

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