23 de Octubre de 2018

Opinión

El Ieqroo y sus frutos

El balance del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) no ha sido tan favorable a lo largo de los años...

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El balance del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) no ha sido tan favorable a lo largo de los años, a tal grado que no ha marcado la diferencia al ser comparado con el extinto Consejo Estatal Electoral que estuvo vigente en el gobierno de Mario Villanueva Madrid.

Con actividades permanentes para garantizar logros significativos, el Ieqroo en años no electorales se ha negado a desarrollar tareas básicas para fomentar la cultura democrática, lo que explica en parte los descomunales niveles de abstencionismo, acentuados en la pasada contienda del siete de julio, cuando el PRI obtuvo el “carro completo” en los 10 Ayuntamientos, acariciándolos a nivel de distritos porque tan sólo fue derrotado por el PAN en Cozumel.

Con resultados debe ser defendida la permanencia del Ieqroo, una fuente de empleo para decenas de familias que por lo pronto ya fueron damnificadas con la reducción del 25 por ciento de su sueldo, aunque pese a todo festejan porque otros han sido despedidos.

Es evidente y hasta previsible que el Consejero Presidente del Ieqroo, Jorge Manríquez Centeno, defiende con uñas y dientes –como el resto de los presidentes de Institutos locales– su cargo burocrático por todos los beneficios de esa posición, comenzando por el jugoso sueldo y demás ventajas de estatus.

Pero más allá de esta defensa automática, la opción del nacimiento de un nuevo instituto federal encargado de las elecciones no es nada atractiva a nivel de entidades, ya que se atenta contra el federalismo y se concentrará un poder centralista, tan condenado a lo largo de nuestra historia por sus infames coletazos y excesos.

Pero también la responsabilidad de la participación ciudadana es compartida por los partidos políticos que nos han quedado a deber, ya que se cruzan de brazos en tiempos no electorales para despertar cuando los comicios están a la vuelta de la esquina.

Todos los partidos entran en esta fase de letargo, descuidando los trabajos de campo que alimentan la afluencia a las urnas. Ejemplo de ello, la nula presencia del PAN y PRD en gran parte de los municipios, comenzando por la zona sur, donde el PRD ya es una fuerza intrascendente, agitada tan sólo por su ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien ya se concentró en la formación de su nuevo partido político: Morena.

En el nuevo municipio de Bacalar, el PRD no se hizo presente en la contienda del pasado siete de julio, dejando el campo libre al modesto PT, un partido que se aplicó a fondo para arrebatarle mercado electoral y posiciones a ese perredismo tan abandonado en gran parte del estado.

Y la apuesta de panistas y perredistas ha sido errónea, y esto se ha demostrado en la mayor parte de las elecciones.

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