22 de Octubre de 2018

Opinión

El misticismo de ser partera

En lo que va de 2013, en el rancho “Los Lagartos”, doña Mary y doña Candy en la comunidad de Presidente Juárez...

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En lo que va de 2013, en el rancho “Los Lagartos”, doña Mary y doña Candy en la comunidad de Presidente Juárez –ambas son parte de las 593 comunidades menores de dos mil 500 habitantes que señala el “Plan Quintana Roo 2011-2016”– han atendido cuatro partos cada una; ahora mismo doña Candy tiene bajo vigilancia a cinco embarazadas. La Confederación Internacional de Matronas (CIM) dice que el 70% de los partos en comunidades indígenas los atienden las parteras. 

Doña Mary tiene 72 años, parió a 12 hijos y en 1985 empezó a atender partos; en 1991 la capacitaron en Sesa y le dieron su diploma de “partera empírica”. Atiende en su casa, a mujeres de ocho comunidades cercanas, además de que dice curar otros padecimientos y hasta la mordedura de víbora.

Doña Candy tiene 70 años, 46 de ser partera, es monolingüe y ha tomado cursos en Sesa, solo que se le mojaron sus diplomas cuando pasó un huracán. Nunca se le ha muerto ninguna mujer, aunque hace varios años llegaron dos mujeres –en distintos momentos– de otros pueblos lejanos a que las atendiera pero ya estaban muertos sus bebés. 

Recuerda que recibió a una mujer que tenía al niño “atravesado”. Después de varios rezos y maniobras aprendidas durante 46 años de atender partos, Doña Candy consiguió que el bebé se enderezara y naciera sin problemas; ahora mismo atiende a una embarazada que “soba” y le da instrucciones de lo que deba alimentarse en su ultimo trimestre de embarazo; le da confianza y le reitera que todo saldrá bien.

Estas dos septuagenarias son parte de las 18 mil 233 parteras registradas en el país, que ayudan a las autoridades de salud del estado en su lucha por reducir las tasas de muerte materna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera las muertes maternas como las ocurridas durante el embarazo y 42 días después del parto.

“Las parteras se pueden convertir en un recurso estratégico”, dice Javier Domínguez, médico cirujano y asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa, por sus siglas en inglés). Cada año en México se presentan 2.1 millones de embarazos, en los cuales mueren en promedio unas mil mujeres, según la Secretaría de Salud federal basadas en datos del Consejo Nacional de Población (Conapo).

Estas defunciones, prevenibles en el 80% de los casos, ocasionan desintegración familiar, mayor riesgo de enfermedad o muerte para los huérfanos, propensión al abuso sexual y un pobre futuro escolar y laboral, explicó Susana Cerón, directora del Centro de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud federal.

Mary y Candy en la Zona Maya de Quintana Roo, igual que doña Macrina en Tlapa, Guerrero, y doña Petrona, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, no saben que en septiembre de 2000 México fue uno de los 189 países que firmaron la Declaración del Milenio de la ONU. 

Y que el punto número cinco consistía en mejorar la salud materna en varios rubros. Para México, esto significaba reducir la mortalidad materna en 75% para 2015, respecto a los índices que se tenían en 1990.

Según el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGySR), que depende del Gobierno federal, reduciría anual de 7 .7 puntos. Y tan solo se alcanzó hasta ahora el 2.2%. Las complicaciones relacionadas con los embarazos constituyen la principal causa de muerte de mujeres entre 15 y 19 años de edad. Para el 2008, el 84% de las muertes maternas estaba asociado a la mala calidad de la atención obstétrica.

Hoy en día la instrucción debiera ser permanente para que las parteras busquen a mujeres de su comunidad para canalizarlas a los centros de salud, para que puedan realizarse los estudios de Papanicolaou y detección del Virus de Papiloma Humano, para prevenir cáncer cérvicouterino, además se les capacita para realizar la autoexploración mamaria, amen de que deberán saber atender un parto, a la parturienta y al recién nacido, canalizando un embarazo de alto riesgo. 

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