23 de Octubre de 2018

Opinión

El monstruo del feminicidio

“Confiada, Karen tomó el autobús ese lunes saliendo de la universidad: un inicio más de una semana más del semestre...

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“Confiada, Karen tomó el autobús ese lunes saliendo de la universidad: un inicio más de una semana más del semestre. ¿Qué piensa uno a los 19 años, camino a casa, tras un día de aprendizaje en las aulas? bromear con los amigos, quizá con la idea de hacer las tareas llegando a casa, quizá comer algo y luego ver televisión o chatear un rato. Mientras tanto, en una esquina, cobijado entre las sombras del pleno día, un monstruo acecha furtivamente por las calles de Cancún, relamiéndose los bigotes y tronando sus garras afiladas, esperando. Karen bajó del camión y tomó el mismo camino a su casa. Fue entonces cuando se encontró con el monstruo. Nadie vio nada, nadie escuchó el grito ahogado, un chirrido de llantas, el forcejeo. Nada. Solo pasó, en un suspiro, en un parpadeo. 19 años se esfumaron en una tarde de octubre y la noticia ya la conocemos”.

Así describió Mauro Barea, escritor joven de Cancún y autor de la novela “El Colapso del Tiempo”, el atroz feminicidio de la estudiante universitaria Karen Carrasco Castilla, acaecido el pasado 27 de octubre. Su indignación era la misma que otros intelectuales, académicos, estudiantes, padres de familia y ciudadanos en general han expresado en distintos medios.

El veterano periodista Jorge González Durán reflexionó al respecto en su muro de Facebook: Al parecer no somos una sociedad diferente sino indiferente. ¿Dónde está la sociedad exigiendo justicia por el asesinato de esta joven estudiante de la Universidad del Caribe? ¿Dónde están los estudiantes? ¿Dónde están sus compañeros y compañeras? ¿Dónde están los maestros? ¿Dónde están los padres de familia? La indiferencia propicia la impunidad”.

Y la impunidad a la que hacía referencia el conductor del programa radiofónico “Desde el Café” es quizá el peor de los monstruos dentro de una pesadilla llamada feminicidio. El crimen de Karen no es por desgracia un hecho aislado, perdido entre las estadísticas delictivas de los crímenes de sangre; es en cambio una terrible realidad que cada día se convierte en una afrenta para la sociedad y para el estado.  Faltan políticas de prevención en materia de seguridad pública y se requieren más recursos financieros; hay ausencia de compromiso para procurar y administrar justicia. Habrá etcéteras y más etcéteras; pero la corona de la pesadilla está fraguada en la indolencia de la autoridad para brindar resultados en materia de seguridad, alimentada por la apatía de la sociedad para exigirlos.

El próximo domingo la comunidad estudiantil de la Unicaribe y otros actores ciudadanos realizarán una marcha donde exigirán justicia. Pero la justicia debe ser también para Lourdes Chávez Mendieta (asesinada el 21 de febrero de 2011); Cristina Petrona Co Culej (15/01/ 2012); Ana Marisol Góngora Abán (9/12/2013); María Fernanda Vargas Sánchez (estudiante de secundaria asesinada en un área verde de la Región 251, 14/04/2015); Rebeca Rivera Neri (18/10/2015) y otras mujeres más que en Cancún han sido acechadas, ultrajadas y muertas por la bestia irracional que se esconde en algunas mentes enfermas.   

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