18 de Enero de 2018

Opinión

El ocaso de un político

En su momento encarnó las esperanzas de los habitantes del sur de Quintana Roo...

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En su momento encarnó las esperanzas de los habitantes del sur de Quintana Roo para convertirse en el personaje que rompiera la hegemonía de los políticos de Cozumel; mucha gente veía en él al sucesor natural de Mario Villanueva Madrid por su innegable popularidad, algo que en estos tiempos no es tan común entre los políticos de Quintana Roo y del país.

Eduardo Espinosa Abuxapqui, dos veces presidente municipal de Othón P. Blanco, diputado local y diputado federal, entre otros cargos públicos, hoy ha caído en desgracia. Es señalado como un político que se olvidó de la gente que lo apoyó para convertirlo en algo así como el caudillo que esperaba el sur del estado.

Hoy, la percepción de los ciudadanos es que el otrora querido personaje se convirtió en lo mismo que tanto despreciamos los quintanarroenses de aquellos que se enquistaron en el poder: alguien que solamente trabajó para su grupito de allegados, varios de ellos sujetos a investigación por diversos delitos que los podría llevar a la cárcel.

Si bien hasta el momento no se ha demostrado que Eduardo Espinosa sea culpable de algún delito en el ejercicio de sus funciones como servidor público, la percepción, que muchas veces hace más daño que la propia realidad, es que traicionó al pueblo que lo cobijó, que lo colocó en un pedestal, convirtiéndolo en un personaje irreprochable.

Otra idea que se extiende por todos los lugares donde se concentran los grillos de café, es que nuestro personaje, al ver perdida nuevamente su posibilidad de ser candidato a gobernador, optó por dedicarse a amasar una gran fortuna, entendiendo que su vida como político de altos vuelos se extinguía.

Lo cierto es que Eduardo Espinosa ya no es el personaje en el que estaban puestas las esperanzas de los quintanarroenses del sur, para dar pelea al grupo político del norte que desde hace más de una década detenta el máximo poder del estado.

Pero además, en estos momentos no encontramos tampoco algún otro personaje que tenga la popularidad, la credibilidad y la aceptación ciudadana necesaria, para iniciar una nueva época de bonanza como en los viejos tiempos en que Chetumal era efectivamente la capital política de Quintana Roo y no sólo el centro de la burocracia estatal.

Los políticos chetumaleños están en peligro de extinción, hasta ahora no hay uno que sobresalga, que se eche al hombro la responsabilidad de buscar el renacimiento del sur como tierra de gente capaz de gobernar con tino, sensibilidad y compromiso social.

Nos hemos quedado en la indefensión política, el norte seguirá siendo por mucho tiempo la cuna de los próximos gobernantes, porque Chetumal languidece no sólo económica, sino políticamente. 

Hoy, quienes vivimos en esta parte del estado, hemos perdido la esperanza de que pronto, un hijo de aquí, nos devuelva la grandeza extraviada por culpa de personajes que antepusieron sus intereses personales al supremo interés de la sociedad.

Eduardo Espinosa termina su aventura política en el olvido, para muchos con un rechazo total de los ciudadanos; es una pena, quienes seguimos su trayectoria desde hace por lo menos 30 años, coincidíamos en que era un político distinto, con arraigo, aceptación, sensible y comprometido con las mejores causas de la sociedad.

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