20 de Octubre de 2018

Opinión

El periodista humano

El periodismo es una actividad de riesgo ante el poder de las ideas, y en nuestro país adquiere una especial...

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El periodismo es una actividad de riesgo ante el poder de las ideas, y en nuestro país adquiere una especial relevancia por el clima de violencia causada por el crimen organizado. En la red como tal no existe un peligro “físico y real” sobre la labor comunicativa, pero hay riesgos y situaciones que pueden ser contraproducentes para nuestra persona en lo moral, personal y profesional. 

¿Cómo debe usar un periodista las redes sociales? ¿Personal o profesional? En la colaboración  de la semana pasada advertimos la importancia de mantener un perfil profesional entre nuestros seguidores para asegurarnos la respetabilidad periodística y no perder el pulso de la información que ahí se maneja. Sin embargo, esa medida no conlleva aislamiento y nuestro uso de las redes puede tener una “pincelada” personal sin demérito de la profesionalidad. 

Si algo ha demostrado el creciente poder de las redes sociales sobre los medios tradicionales, es que el periodista puede beneficiarse de las necesidades informativas de los usuarios de internet, haciendo uso de la ética que el trabajo en los medios impresos nos enseñan para contrarrestar la paradójica falta de valores y respeto por la información que hace presa de estas plataformas de difusión. La experiencia dicta que no es del todo sano separar nuestra “personalidad” de la red, más cuando se trabaja en el periodismo. Los lectores esperan una aproximación “cálida” no sólo hacia la noticia, sino a la forma en cómo se expresa, redacta o  relata, y ese esbozo de humanidad a la información proviene, precisamente, del toque personal que el profesional de la comunicación debe dar a su “tuit” o post en Facebook. Bajo la anterior premisa, no parece haber mayor problema en elegir el uso “personal” de las redes sociales, siempre y cuando se mantengan a reserva ciertos puntos que nos aseguren no la reclusión, sino la privacidad a la que como ciudadanos tenemos derecho.
 

La manera más sencilla de asegurar la tranquilidad en nuestro “timeline” es utilizar la democratización en la difusión para conocer, sin entrar en los debates; permanecer no ajeno, sino “apartidista” respecto a la opinión pública, pero muy atentos a los que se demanda como referente de información dentro de los límites que nuestra profesión y medios dictan, pues éstos nos protegen y respaldan en caso de problemas. 

En nuestra labor y más en esta nueva realidad social, el periodista debe mantener la vertiente humana de la comunicación en las redes sociales respetando tanto a su medio, a sus lectores, como así mismo. Estar presente en la red no significa sólo recibir datos e información, también ser generador, difusor y participativo, y esto sólo se logra cuando agregamos personalidad a nuestra interacción en redes sociales, no cuando decidimos utilizarlas como “robots”, sólo para publicitar nuestras notas. 

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