El poder de las palabras

Las palabras alteran nuestras percepciones y sentimientos. Como etiquetemos nuestras experiencias serán las sensaciones producidas en nuestro sistema nervioso.

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Tus palabras tienen el suficiente poder para crear tu mundo.- Anónimo
    
Las palabras pueden crear emociones y también acciones y las acciones, resultados. Cuántas veces las palabras actúan como etiquetas en las diversas sensaciones que experimentamos y pueden aumentar el malestar ante una situación poco agradable, o disminuirlo. Está en cada quien bajar o aumentar el agrado o el desagrado de las experiencias que vivimos cotidianamente al elevar o reducir el impacto emocional con las palabras. 

Notemos la diferencia que produce en el estado emocional entre decir “estoy furios@” y  decir “esto me molesta”, o bien “…es una idiotez” y decir “creo que lo puedes pensar mejor”. Vale la pena revisar cuáles son nuestras palabras más usuales para calificar acciones y/o resultados o la manera de ser de otras personas. Pensar con qué palabras nos calificamos a nosotros mismos cuando cometemos algún error ya que provoca un impacto que nos descalifica y desanima o nos anima a intentarlo de nuevo.

Las palabras alteran nuestras percepciones y sentimientos. Como etiquetemos nuestras experiencias serán las sensaciones producidas en nuestro sistema nervioso. Se ha comprobado que las palabras tienen un efecto bioquímico; filtran y transforman las vivencias. Puede ser que nuestro vocabulario habitual esté afectando la forma de evaluar las cosas, las situaciones, los hechos, las personas y por lo tanto nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Al cambiar nuestras palabras catastróficas habituales podemos cambiar las pautas emocionales de nuestras vidas. 

Tenemos una gran responsabilidad respecto al clima emocional. Ejemplo: si en la familia la mamá exagera al hablar la magnitud y/o importancia de las cosas,  prácticamente todo se volverá “tragedia” o si algún hij@ emplea palabras groseras para quejarse o reclamar algo en casa, el ambiente se tensa y la discordia se establece en la familia sin respeto alguno. Igualmente, cuando alguien está cansad@ y acostumbra decir que “se siente deprimid@”, el efecto en esa persona no se deja esperar y los que están cercanos también contribuyen diciéndole: -sí, ya te lo había notado. 

Es muy importante seleccionar consciente e inteligentemente las palabras que usamos pues en mucho constituyen nuestro destino. Podemos ayudar a que los ambientes sean mejores, a que otras personas modifiquen para bien sus circunstancias de vida, sus negocios, sus relaciones de cualquier tipo. Y todo esto, con la fuerza de la palabra.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.