22 de Septiembre de 2018

Opinión

El precio de la prisa

“Nada” es el nombre de un libro escrito por Janne Teller, en el que un adolescente afirma que nada vale la pena...

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“Nada” es el nombre de un libro escrito por Janne Teller, en el que un adolescente afirma que nada vale la pena, y al intentar rebatirlo, sus amigos sacrifican sin darse cuenta todo lo creían que tenía significado en sus vidas, quedando al final sin nada, dándole así la razón.  

Dentro y fuera de línea existe una situación similar, disfrazada de cortesía y entendimiento. Desde hace unos años, la sociedad se volcó en una extraña realidad endulzada, impropia de nuestra naturaleza como seres sociales y diferentes, al grado de sacrificar nuestros principios por un supuesto bien común, que en realidad es sólo miedo a los conflictos. 

El internet de hoy, socializado y viralizado a merced de su corte de ladies y lores de temporada, pugna por estandarizar el pensamiento, por crear una conciencia colectiva única y tiránica donde no tiene cabida la realidad por sí misma, simplemente porque ésta es mucho más grande, rica y compleja de lo que las mentes con teléfono inteligente pueden hoy día procesar. 

Atrapados en la corriente de las redes sociales, los usuarios somos víctimas de las prisas, de la necesidad por formar parte del “trending topic” del día, de participar en los debates más disparatados, dictados por el gran hermano digital, en resumen, carecemos de mente propia para discernir lo que verdaderamente está sucediendo “allá afuera”, conformándonos con el eco que llega en la web. 

Calma sin llegar a lentitud. Eso nos falta para potenciar el uso de internet y transformarlo en una herramienta de mayor utilidad. Nuestra urgencia por “ser” en lugar de “hacer” nos condena a permanecer absortos en los teléfonos o tabletas, a quedarnos con la primera información que nos provea el “timeline” y formar parte de la mente colectiva, sí, rica y divertida, pero temporal: pasado “el tren” de las tendencias, la información que parecía la quintaescencia digital, es desechada peor que una hoja de periódico… la que al menos puede ser aún útil para envolver el pescado. 

Llámense como se llame la generación que cada año se apropia del cetro de la innovación y “la buena onda” de internet, la prisa por dejar huella en el universo digital la lleva a perder parte de su capacidad para retener información, ante su reconocida necesidad por conocer únicamente lo esencial de las cosas, la forma y nunca el fondo. 

Ese es nuestro reto, especialmente en el periodismo: regresar el poder de la información a niveles un poquito más profundos, convencer a los nuevos ciudadanos de la era digital de que sacrificar sus ideas y puntos de vista en aras de por ejemplo, lo políticamente correcto, no es el objetivo de las redes sociales. Debemos aprovechar que hoy el acceso a la web ofrecer mejores opciones y capacidades para traspasar la barrera de los 30 segundos de video vistos, y el titular y primer párrafo leídos.  

En 140 caracteres 

#LadyWuuu y  #XVRuby. El primero, real y devino en una campaña simpática. El segundo, se ve muy a modo para terminar en una tomada de pelo. 

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