24 de Septiembre de 2018

Opinión

El PRI, en sus propias manos

Los militantes del PRI Quintana Roo parecen no haber asimilado aún las causas de la derrota.

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Los militantes del PRI Quintana Roo parecen no haber asimilado aún las causas de la derrota. Intuyen y calculan las consecuencias, pero continúan pensando en el descalabro electoral, aun cuando las condiciones obligan a pensar más en el futuro. Dirigentes, líderes de colonia y ex candidatos no superan el trago amargo. Ya tardaron. 

La llegada de Enrique Ochoa a la dirigencia nacional debe representar la oportunidad, en tanto definen qué pasará con el actual presidente en el estado, Raymundo King de la Rosa, quien es diputado plurinominal electo y próximo líder de su bancada. Está previsto un cambio pronto para darle oxígeno a un partido que lo necesita con urgencia.

Más allá de los desafíos políticos desde su nueva posición como opositor y asumiendo que en poco más de un año deberá estar listo para los siguientes comicios, el tricolor debería intentar “limpiar su imagen”, coinciden voces desde el interior. Claro está que es una tarea simultánea aunque siempre concatenada a los primeros dos retos mencionados en este párrafo.

Sería correcto empezar por reconocer errores en la comunicación. Y no solamente a la gestión de redes y el uso de nuevas tecnologías, sino en que no ha podido apropiarse de temas en la agenda pública, explicarlos y convencer. 

No todas las acciones gubernamentales han sido deficientes a nivel federal, estatal y municipal como asegura la todavía oposición o percibe el ciudadano. Hay logros que este partido no capitalizó antes ni durante la campaña, y peor aún, marginó de la estrategia central a personajes con buena reputación y óptimo desempeño.

Por eso, reconvocar debe ser apenas el primer paso, para enseguida legitimarse ante la ciudadanía de una manera eficaz: no escondiendo a los miembros experimentados y con méritos; ondear banderas con las que una mayoría simpatice, y ser un instituto más propositivo que rencoroso en su rol.

Todo ello -insisto en la idea principal- deberá ser mejor comunicado. Quien revise los discursos de King de la Rosa notará un cambio sutil en las últimas semanas; es decir, pasó del estilo retador ante los otros, a uno más incluyente, participativo y que intenta dar certezas a sus líderes de colonia, seccionales, activistas y militantes. Ignora por ahora a los adversarios. ¿Será suficiente? ¿Es tarde?

De entrada, lo ideal sería que fuera otro el interlocutor. Lo de Ochoa en el ámbito nacional es parte -dicen en Ciudad de México- de una estrategia incipiente que busca rostros con ideas frescas y desvinculados tanto de fracasos como de polémicas insuperables. No sería descabellado replicarla aquí. La palabra “cambio” es clave y exitosa por estas fechas.

Entonces, pudiera convenirle otro locutor, una línea discursiva más atinada y una difusión (formal e informal) más apegada a la realidad. Hay cuadros, sobro todo mujeres y jóvenes, que sueñan con recuperar lo perdido. No sería una misión imposible; después de todo, debido a la cantidad de ayuntamientos, escaños y demás posiciones que le pertenecen, sus representantes no jugarán totalmente de visita.

Para muchos, ese camino debe ser transitado recordando el pasado, pero explotando el presente y construyendo el futuro. Dependerá solamente de ellos la manera.

Desorbitado

La triste historia de siempre: balaceras, ejecuciones, fugas de la cárcel, aparición de giros negros y otras “gracias” como cada fin de gobierno. Toman fuerzas las versiones –también como siempre– que se debe a presiones contra las nuevas autoridades, son renegociaciones o es la irrupción de bandas que suponen un vacío de poder. Como sea, atentan contra los resultados de ciertas administraciones, son carga negativa adicional contra los servidores públicos y generan mayor tensión en un ambiente de por sí polarizado.

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