25 de Septiembre de 2018

Opinión

El quintanarroísmo como estrategia

Mañana es el aniversario 41 de Quintana Roo. Habrá sesión solemne en el Congreso del estado a la que asistirán servidores públicos de los tres Poderes...

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Mañana es el aniversario 41 de Quintana Roo. Habrá sesión solemne en el Congreso del estado a la que asistirán servidores públicos de los tres Poderes, empresarios, representantes de la sociedad civil e invitados de honor, además de otras actividades alusivas en los 10 municipios. Se espera mensajes y declaraciones en torno al quintanarroísmo con la idea de reivindicar el concepto en una etapa cada vez más electoral. 

El gobernador Roberto Borge ha tenido tiempo para repensar dicha consigna, para meditar su profundidad, para apuntalarla con nuevas opiniones: hoy la idea del quintanarroísmo no es la misma que la proferida durante el tercer informe del entonces diputado federal Raymundo King de la Rosa, hace dos meses. No porque haya sido un error, sino porque generó tal polémica que resulta conveniente adornarla en situaciones como la de mañana. El hecho mismo de que se hayan sumado tantos a su propósito da cuenta de su importancia y del interés en ella. 

Ya reflexionado el discurso, este ha podido ser perfeccionado, sobre todo porque la consigna no surgió de un momento emotivo, de un arrebato, como ha querido presentarse; sino que emanó de una estrategia armada al calor de la contienda pre electoral. Las emociones -en su mayoría- son de tipo intencional, no irracionales o de mera sensación, pues incluso emoción y sensación no son lo mismo. Por eso decir que el quintanarroísmo es una emoción representa una verdad a medias, y por eso se percibe de distintas maneras. 

“Hoy quiero decirles, paisanas y paisanos, aquí en esta explanada histórica y ante este obelisco que representa nuestro quintanarroismo, que nuestro estado tiene identidad propia, libre y soberana, y que ha sido gobernado bien por quintanarroenses y debe seguir siendo gobernado por quintanarroenses”, sostuvo en agosto, en evidente contraposición a sus opositores. Claramente ha sido estrategia: la dedicatoria no solo tiene nombre y apellido, también va dirigida a un cúmulo de condiciones, como deslealtades, negociaciones y ataques de sus adversarios.

De esta manera se comprueba que las emociones se inscribieron entonces como hoy (y mañana) en un marco de racionalidad por el hecho de que contienen en sí mismas una orientación hacia un objetivo. Así, este que parece un nuevo principio político no debe medirse únicamente en relación con la sensación de adrenalina o enardecimiento, sino más bien a la representación de ese objetivo.

Mañana será clave para reafirmar este paradigma en una coyuntura idónea para él y los suyos, porque, insisto, ya ha sido repensado, con lo cual puede ser adoptado de acuerdo a las circunstancias. Que las emociones se inserten en un contexto de coherencia no es suficiente para explicar su propósito final. O sea, no solo el sujeto debe percibir algo, no solo ese algo debe acompañarse de una información, sino que además es necesario evaluar esa información para posicionarse mejor, para imponer una doctrina y para ganar adeptos.

Sea lo que sea respecto a dicha postura, emociones y creencias no pueden desligarse: toda modificación de una creencia implica una modificación de la emoción, por lo que mientras el gobernador crea que el quintanarroísmo es lo que él plantea, seguirá expresándolo con la misma intensidad, con el mismo valor y con la misma estrategia.

Mañana se fortalece su idea, lo que además robustece al borgismo y, por lo tanto, al PRI-gobierno. Inmejorable momento para ellos, durante el cual cierran filas en tanto confirman así la unidad en una etapa de muchas definiciones. 

Los ideólogos deben estar satisfechos con un resultado que tal vez no esperaban se desarrollara con esa eficacia. ¿Quién pierde? Perderán los que navegan contracorriente, los que no respalden, los rivales de siempre. Y ello no demuestra la bondad o la certeza de su quintanarroismo, más bien su éxito, que es el fin de toda estrategia, sea legítima o no.

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