19 de Septiembre de 2018

Opinión

El regreso de Mario Villanueva

Con 69 años y una enfermedad pulmonar crónica a cuestas, Mario Villanueva Madrid regresa a un México...

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Con 69 años y una enfermedad pulmonar crónica a cuestas, Mario Villanueva Madrid regresa a un México que le ha de parecer tan desconocido, como extraños le parecerán los que después de tantos años de silencio volverán a buscarlo, tratando de encontrar en su retorno una oportunidad para salir del ostracismo político.

Aún falta que el gobierno de Enrique Peña Nieto se pronuncie sobre la autorización para que Villanueva Madrid cumpla en prisión domiciliaria la sentencia de 22 años que le falta por purgar, pero en caso de lograrlo, y a pesar de que el ex mandatario estatal se ha mantenido como un actor político vigente desde prisión, el entorno local le parecerá absolutamente diferente a cuando dejó la gubernatura, comenzando porque el partido de sus amores, el PRI, sufrió la más grave derrota electoral de toda su historia, y también por primera vez existe alternancia en Quintana Roo.

Familiares de Mario Villanueva, han asegurado que su solicitud de permanecer en casa únicamente obedece a la necesidad de una adecuada atención médica, su edad y crónica condición de salud posibilitan legalmente esa situación; incluso han recalcado que no le interesa un regreso activo a la vida política; pero hay algo que no debe olvidarse: Villanueva Madrid es un “animal político”, y durante todos sus años en reclusión se ha mantenido como un actor vigente de la política estatal, incluso, en apoyo de la actual administración estatal, la de Carlos Joaquín González.

Luego entonces, puede entenderse que el retiro político que le han inventado a Villanueva Madrid sea parte del “discurso” que pretende convencer a la autoridad federal de que el ex gobernador no será “una piedra en el zapato”, pero tal vez debiera decirse así tal cual, porque política ha seguido haciendo, el último año es la muestra más evidente. Su presencia misma es una acción política, y eso no tendría que ser necesariamente malo.

Aunque cada vez menos, Villanueva Madrid es reconocido por muchos como el mejor gobernante que ha tenido Quintana Roo, fue el cuarto gobernador –de ocho en total-, un buen número de políticos utilizaron su nombre para hacer una carrera política, y ellos pudieran ser los primeros afectados con su regreso, no necesariamente aquellos que lo criticaron o que nada hicieron por ayudarlo, cuando le debían prácticamente todo. Así que no todos festejan su regreso, no todos desean que el gobierno federal le autorice la prisión domiciliaria; pero todos, eso sí, están atentos del anuncio que deberá dar en las siguientes semanas el gobierno federal.

En 2010, cuando apenas fue extraditado a Estados Unidos, se realizó la última marcha de apoyo en favor de la causa de Mario Villanueva Madrid en Chetumal, la capital quintanarroense, ahí unas mil personas le expresaron su apoyo y algunos políticos locales anduvieron las calles –coincidía con el proceso electoral local–, ahora que está cerca el inicio del proceso electoral federal, veremos quiénes son los primeros en organizar una marcha para festejar su regreso, tal vez veamos entre ellos a los próximos candidatos a las diputaciones federales de 2018.

Por lo pronto, si Villanueva Madrid regresa a su casa, encontrará una capital quintanarroense desastrada como nunca antes, a más de un millón de quintanarroenses decepcionados de la vida política estatal, con las finanzas públicas comprometidas para las próximas generaciones y con una entidad sin partidos representativos y sin liderazgos reales; y por supuesto, con un gobierno entrante que hace esfuerzos por mantener a flote la administración pública y con trabajos encaminados a resarcir la rapiña de los últimos once años.

No, Quintana Roo ya no es la tierra que vio partir a Mario Villanueva, no se parece siquiera al estado que gobernó entre 1993 y 1999; y aunque algunos tienen cuentas pendientes con él, muchos esperan también su regreso. Por ahora, sólo falta saber si Enrique Peña Nieto le permitirá pasar sus últimos días en la ciudad donde nació; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra.

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