25 de Septiembre de 2018

Opinión

El respeto al otro

No hay fórmulas mágicas, pero observar a los hijos, hablar con ellos, establecer espacios de confianza y buena comunicación puede ayudar un poco.

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Hay un video de una escuela en Mérida, donde un joven con capacidades diferentes sufre bullying por sus compañeros de clase. Leí las notas, la descripción del video y, francamente, no puede verlo. No resistiría la cobarde agresión que sufre este joven en su plantel escolar.

¿Por qué sus compañeros gozan lastimando, humillando, ridiculizando a “alguien” más débil? ¿Dónde están las autoridades escolares? ¿Cosas como esas pasan seguido en las escuelas? ¿Qué falta en la casa para que ellos manifiesten su odio afuera? ¿Sus padres han visto el video?  ¿Qué piensan de sus hijos cometiendo actos de crueldad  y registrando los hechos en un video?

¿Exagero pues es sólo un cotorreo de muchachos? Sé que esta situación es apenas un poco de lo que sucede en las escuelas, ante la miopía de maestros y autoridades. Sé de compañeros que cuando niños sufrieron repetidamente abuso sexual en sus salones de clase y nadie se dio cuenta.

Recuerdo algunas maestras que cuando los alumnos las buscan en el descanso suelen decir: El descanso no es sólo para ustedes, es también para mí. Y tienen razón, pero no por eso deben hacerse de la vista gorda ante situaciones de abuso que son evidentes en el aula. Sé de estudiantes que prefieren quedarse callados y fingir que odian la escuela antes de compartir que están sufriendo abuso por sus compañeros.

Por si fuera poco, los papás los acusan de flojos y  vagos, antes de cuestionar la verdadera razón por la que no quieren ir a la escuela. 

No hay fórmulas mágicas, pero observar a los hijos, hablar con ellos, establecer espacios de confianza y buena comunicación puede ayudar un poco. Hay quienes dicen que el bullying es parte del aprendizaje en la escuela, bueno ¿Y cuándo el respeto y el afecto serán parte de ese aprendizaje?

En tiempos como éstos, en los que la cara de los estudiantes está representada por un rostro desollado y sin ojos, es difícil encontrar lugar para la esperanza; esa iluminada y dulce ave que se asoma de vez en vez. Por eso siento que ella está conmigo ahora que van a poner mi obra “A prueba de bullying” en coordinación con  Cepredey.

Agradezco a Verónica Camino Farjat y a Addy Téyer por tomar mis letras y ponerlas al servicio de los estudiantes yucatecos. Este esfuerzo es en verdad valioso, porque todos merecemos espacios de aprendizaje libres de violencia. Espacios vitales donde el teatro nos enseñe que el respeto al otro y a uno mismo es un derecho básico de cualquier ser humano.

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