12 de Diciembre de 2017

Opinión

El rostro de sangre

Peña Nieto buscará acabar con el rostro de violencia y sangre con el que hoy se ve a México en el mundo.

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El presidente Enrique Peña Nieto puso en la agenda un cambio radical en la imagen y percepción de México como país: acabar con el rostro de violencia y sangre con el que hoy se ve a México en el mundo.

Es un acierto, sin duda, que el primer mandatario haya puesto en la agenda de su gobierno sacar a México de la lista de países peligrosos e impresentables del mundo.

Hay una gran cantidad de tareas que debe abordar el nuevo gobierno en todas las áreas, pero esa es fundamental.

¿Por qué?, pues porque México fue marcado de manera innecesaria como una zona de guerra por la necesidad del ex presidente Calderón de legitimarse tras una cuestionada elección.

Calderón le compró a Genaro García Luna, el otrora poderosísimo secretario de Seguridad Pública, la estrategia de la guerra, y hoy el país es visto como un matadero con 60 mil ejecutados registrados gracias a esa lamentable decisión.

Esa es la razón de que el nuevo gobierno le quiera cambiar el rostro a México. No es posible querer atraer inversión, generar empleo, construir infraestructura, fomentar la cultura e incrementar la actividad turística en un país en guerra.

Sin duda, hay zonas de gran conflicto en diversas regiones del país, especialmente al norte de la República, y de ello dan cuenta la Laguna, Monterrey, Coahuila y Tamaulipas. No puede negarse el gran poder y capacidad corruptora de las bandas de narcotraficantes. El secuestro, la extorsión y el tráfico de personas son males que sufre y carga la sociedad mexicana. Pero de ahí a que la vida del país esté controlada, marcada y definida por los criminales, hay un gran trecho.

Esta es la gran mentira que Felipe Calderón y Genaro García Luna le vendieron a México para pretender hacerse indispensables para la patria y justificar una estrategia fallida que solo ha dejado saldos negativos al país.

Por eso no es ocioso que la nueva administración quiera darle un giro radical a la imagen que tiene México en materia de seguridad y estabilidad.

Porque el país en el que vivimos, en términos generales, no es más violento que EU, Brasil o España, y mucho menos que otras naciones latinoamericanas.

Se trata del adiós, no al combate a la delincuencia, sino a la propaganda del combate al crimen para hacer que los gobernantes posen como héroes.

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