26 de Abril de 2018

Opinión

El ruido sí hace daño

Las molestias que ocasiona van desde trastornos a la hora de dormir hasta lesiones propiamente dichas.

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En la actualidad resulta muy preocupante la cantidad de decibeles a los que se exponen los jóvenes en los llamados “antros”, lugares en su mayoría cerrados en donde la música hace temblar los vidrios; esa cantidad de decibeles dejan un daño a la larga permanente y ocasionan la pérdida paulatina de la capacidad auditiva, pues aunque los equipos de reproducción cuenten con los sistemas más avanzados de sonorización, el sistema auditivo del hombre tiene las mismas características desde el inicio de la raza humana, y la naturaleza no se equivoca.

Existe clara conciencia del efecto negativo que sobre las personas tiene un entorno ruidoso.

Las molestias que ocasiona van desde trastornos a la hora de dormir e incapacidad para concentrarse hasta lesiones propiamente dichas, dependiendo de la intensidad y duración del ruido.

La contaminación que éste produce se ha convertido, en las grandes concentraciones urbanas y centros de producción, en un grave problema.

La expresión “contaminación por ruido” engloba una infinidad de problemas que de una u otra forma sufrimos a diario; el tráfico de los automóviles, los bares y aviones, el elevado nivel sonoro de algunos electrodomésticos, constituyen tres ejemplos cotidianos.

Cada uno de estos problemas necesita un análisis exhaustivo para poder arbitrar, desde el punto de vista técnico y económico, medidas correctoras idóneas.

Existe además otro elemento a tener en cuenta, que aumenta la complejidad del análisis: la subjetividad del individuo en lo que se refiere a la percepción y valoración del ruido desde el punto de vista del confort acústico.

Un ejemplo ilustra mejor que mil palabras esta idea. El automovilista es consciente de lo molestos que pueden resultar ruidos poco significativos, el producido por un limpiaparabrisas en mal estado, las pequeñas vibraciones de la salpicadera o el leve chirrido de un amortiguador.

El hecho de que la percepción del sonido sea tan subjetiva es un factor esencial a tener en cuenta a la hora de eliminar ruidos molestos, de aquí que el nivel de presión sonora no sea en modo alguno criterio suficiente, ni adecuado, para representar correctamente las sensaciones reales del oído.

La pérdida de la audición puede ser permanente o temporal. El desplazamiento temporal del umbral inducido por el ruido representa una pérdida transitoria de la agudeza auditiva, sufrida después de una exposición relativamente breve al ruido excesivo.

El ruido puede actuar como elemento de distracción y puede también afectar el estado psicofisiológico. El ruido puede modificar, también, el estado de alerta del individuo y aumentar o disminuir la eficiencia de la calidad auditiva.

Cuando se pretende reducir los efectos nocivos del ruido se puede abordar el problema estudiando la fuente, su vía de transmisión o el propio receptor. La reducción de la emisión de la fuente suele ser la medida correctora más eficaz, si bien resulta a veces insuficiente, además de implicar pérdidas, generalmente, de las prestaciones del elemento emisor. Sin embargo se comprueba con frecuencia que no basta con limitar el estudio a la fuente sino que es necesario, además, abordar el problema de sus vías de propagación  desde la fuente al receptor.

Hay preguntas recurrentes en cuanto a ruido: cuántos decibeles aguanta el oído y de qué fuentes se queja más la gente. Se pregunta esto porque generalmente se cree que sólo afecta el órgano de la audición y que sólo los ruidos fuertes afectan.

El nivel sonoro que podemos aguantar depende de: tipo de ruido, distancia a la fuente sonora, tiempo de exposición, tipo de fuentes, actividades que realiza el receptor, sensibilidad y circunstancias de éste.

En una discoteca, un ruido de 80 decibeles no molesta. En una biblioteca, 40 decibeles puede molestar.

Cuando el ruido es inferior a 65 decibeles el porcentaje de personas afectadas más allá de lo atribuible a la presbiacusia (daños directos causados al oído) no es significativo pero a los 70 decibeles ya hay daños al oído, es el caso de zonas comerciales, industriales, tráfico, con exposición de 24 horas diarias.

Una exposición de carácter laboral durante ocho horas diarias, de 75 decibles, asegura que un 96% no sufrirá mayores daños auditivos que los correspondientes a la presbiacusia.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional estadounidense dice que la exposición a ruido de 100 decibeles es inocua durante 15 minutos. No se deben permitir niveles superiores a 91 decibeles durante más de dos horas. Y no debemos exponernos a 110 decibeles durante más de un minuto y 29 segundos. En conclusión, con niveles sonoros de 70 decibeles o más, hay daño auditivo.

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