13 de Diciembre de 2017

Opinión

El ser humano y la naturaleza

Destruir el medio ambiente es tan malo como no procurar el desarrollo; lo que se requiere es el equilibrio, de otra manera, no hay salida.

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Entre los seres vivos, el hombre es el único que tiene una característica a la que se denomina cultura; esto es, que posee la capacidad de planificar y desarrollar pensamientos, transmitir a sus descendientes conocimientos y modificar su medio ambiente.

El problema es que no siempre lo ha modificado de manera razonable como para que él y sus descendientes gocen de un bien que resulte sostenible en el tiempo.

Como bien sabemos, el ser humano no puede sobrevivir si entra en conflicto con la naturaleza. Existe una clara interdependencia entre salud, medio ambiente y grado de desarrollo de un país; es así porque no se puede alcanzar un desarrollo equilibrado si la población no está sana y no tiene acceso a la educación. 

Sin embargo, y a pesar de que la salud y la educación son derechos humanos, en casi todo el mundo la contaminación de la tierra, el agua y el aire está acabando con la salud de millones de personas.

El conflicto entre el hombre y la naturaleza es muy viejo, tiene su origen en el siglo XVIII, a raíz de los cambios que se produjeron con la revolución industrial en Inglaterra. Después, a mediados del siglo XIX se produjo un fenómeno similar en Estados Unidos, Francia y Bélgica, sólo que entonces comenzó el uso intensivo de fuentes energéticas, especialmente electricidad y petróleo.

En la historia de la humanidad los procesos de industrialización han tenido características diferentes, pero dos rasgos en común: la sobreexplotación de los recursos naturales y la falta de cuidado hacia la naturaleza.

Actualmente hay dos posturas sobre los males que aquejan a la naturaleza, una afirma: “La situación no es tan grave, y en todo caso tarde o temprano la ciencia y la tecnología nos van a sacar del atolladero”; y otra igualmente extremista, señala: “La tecnología destruye la naturaleza y por lo tanto a nosotros mismos como parte suya, así que debemos prescindir de ella”.

Ambas posiciones son irracionales; no podemos seguir atentando contra la naturaleza, pero tampoco podemos renunciar a la tecnología y a sus usos económicos. El ser humano ha construido y modificado su medio ambiente, y destruir la tecnología es atentar contra él; pero la naturaleza está al borde del colapso; los avances tecnológicos con los que a la humanidad la ha revestido la están ahogando.

Se requieren acciones racionales, así como la cooperación de todos para lograr el equilibrio en la naturaleza que nos permita seguir formando parte y disfrutar de ella.

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