19 de Noviembre de 2018

Opinión

El síndrome del cirro o tip’te’

El tip’te’ recibió el nombre de cirro que, según el DRAE, proviene de escirro: “Tumor duro, sin dolor continuo y de naturaleza particular, que se forma en diferentes partes del cuerpo”.

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Con los españoles llegaron terapeutas empíricos, creencias y prácticas curativas que se fusionaron con las mayas y que aún persisten en la población yucateca. Por ejemplo, el tip’te’ recibió el nombre de cirro que, según el DRAE, proviene de escirro: “Tumor duro, sin dolor continuo y de naturaleza particular, que se forma en diferentes partes del cuerpo”. 

En la península, el cirro es un órgano importante que se encuentra debajo del tuuch u ombligo y cuyo vigor se percibe sumiendo los dedos en el ombligo para saber si late normal. Cuando el cirro se disloca por el lado izquierdo, derecho, arriba o abajo, genera desequilibrio corporal o “mal de cirro”. El cirro se puede desubicar por una caída violenta o un sobreesfuerzo físico, también cuando se levantan o mueven objetos pesados, sin poner cuidado, o durante el parto.

El “mal de cirro” es un síndrome de filiación cultural de alta incidencia en la Península que es percibido y tratado por los pobladores conforme a claves culturales propias y en el que se recurre a procedimientos de eficacia simbólica para lograr la recuperación del enfermo. Alfonso Villa Rojas indica que se trata de una idea de origen precolombino que remite a la concepción del cosmos como un espacio subdividido en cuatro sectores y regido por un punto central identificado con la ceiba o ya’axche’, árbol sagrado que rige el universo y que, en la representación del cuerpo, correspondería al tip’te’.

Según la investigadora Patrizia Quattrocchi, los síntomas del cirro son dolores de estómago, diarrea, vómitos, inapetencia y mala digestión. El malestar se inicia con acidez de estómago y continúa con ardor en la garganta o chujkaal acompañado por una sensación de estómago cerrado. Después hay diarrea, vómitos y gases intestinales. Las parteras sostienen que para reposicionar el cirro son necesarias tres sobadas: una cada ocho días; aunque una o dos pueden ser suficientes para sanar a la persona si la enfermedad no es grave. 

Tanto en Kaua como en Tzucacab la sobada se inicia localizando el cirro, hundiendo el dedo índice en el ombligo para sentir si está “brincando en su lugar”. De no ser así, la partera va palpando el vientre hasta hallarlo.

Entonces el órgano es “arrastrado” al ombligo y fijado con el pulgar presionando con fuerza. Se gira hacia la derecha nueve veces. A esta maniobra se le conoce en maya como ch’oot-cirro. Luego se verifica si el cirro “brinca” de nuevo bajo el ombligo. En el Sur, además, dan a beber tres veces al día una infusión de plantas (xkambaljaw, poleo, naranja, alhucema, hierbabuena y anís) endulzada con miel.

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