19 de Septiembre de 2018

Opinión

El 'síndrome' del viajero eterno

La creencia social que tenemos respecto a las personas que siempre están de viaje es que la pasan de maravilla.

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Quienes vivimos fuera de nuestros lugares de origen hemos experimentado al menos una vez la sensación de ansiedad o de que algo falta. En mi caso, eso me ha ocurrido una vez cada 12 meses, durante los 10 años que llevo fuera de casa.

También sucede que de cuando en cuando quiero regresar a la ciudad donde nací, por aquellos rumbos del noreste de México. Cuando estoy allá lo disfruto al máximo, la familia siempre va a ser un puerto único, el más seguro; pero después de un tiempo transcurrido ya quiero estar de vuelta en mi base.

Es normal sentirse así. En inglés se le conoce como homesick.
Existe un padecimiento que también tiene que ver con quienes viven fuera de sus hogares y están viajando todo el tiempo en la búsqueda de “algo”. Es el síndrome del viajero eterno.

La creencia social que tenemos respecto a las personas que siempre están de viaje, que viven de aeropuerto en aeropuerto haciendo check-ins, acumulando sellos en sus pasaportes, es que la pasan de maravilla.

Un buen amigo trabaja en Estados Unidos para una aerolínea internacional. Cada semana visita al menos tres países, en ocasiones de distintos continentes. Cuando veo las fotografías de sus múltiples viajes, de inmediato pienso ¡pura vida! Coincido con él, es maravilloso y enriquecedor viajar, conocer otras culturas. Es un aprendizaje que no da la universidad ni se encuentra en los libros. Mas hay que reconocer que llega un momento en el que la rutina del viaje constante se vuelve desgastante. Paulatinamente se va perdiendo el sabor y la emoción del viaje.

Conversé con una amiga especialista en psicología, ella comenta que el síndrome del viajero eterno es característico de personas que no quieren aterrizar, que no están dispuestas a echar raíces en ningún lado y permanecen en una búsqueda constante. Casa u hogar son términos que no existen para estas personas.

Afortunadamente éste no es nuestro caso, ni mi amigo ni yo somos viajeros eternos. Lo que sí tengo que destacar es que al estar lejos de casa aprendes a contar contigo mismo en todo momento, y que vale la pena preguntarse dónde quiero estar.

Sol-edad significa un sol en cada etapa de la vida. Aprender a estar cada uno con su sol. Al final, todos tenemos un único hogar.

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