18 de Septiembre de 2018

Opinión

El Sombrerón en Chiapas (I)

El mito de este personaje se cuenta en varios estados de la República Mexicana, por supuesto, con sus variaciones locales.

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El mito de este personaje se cuenta en varios estados de la República Mexicana, por supuesto, con sus variaciones locales. Manuel Martínez Vázquez publicó una versión muy frecuente en Chiapas.

Como antecedente, el escritor señala que, a principios del siglo veinte, cuando las personas cambiaban su condición económica y hacían gala de sus riquezas, se generaban comentarios del origen de éstas.

Se decía que los bienes podrían provenir por hacer un pacto con el diablo. También se rumoraba que aquel hombre o mujer rico quizá hubiese encontrado un tesoro en algún espacio baldío.

Estos comentarios se afirmaban como si fueran hechos reales y los relacionaban con los personajes míticos de la región. Veamos uno de estos casos.

Una señora rica conocida como doña Moñi se dirigía de su casa hacia un terreno de su propiedad ubicado en un barrio cercano. De repente, se le presentó un hombre muy galante, como para ella, pues hay que decir que la mujer era rubia, alta y guapa.

El galán aparecido era muy apuesto y además portaba un lujoso traje de charro con aplicaciones de plata. Le habló a doña Moñi por su nombre, lo que sorprendió a la dama. La tomó de las manos y le dijo que se fuera con él a una cueva donde vivía. Además le expresó que allí podría tomar alhajas y monedas de oro guardadas en cofres. Que todo era de su propiedad.

Pero doña Moñi, al escuchar que vivía en una cueva, se acordó que así le habían contado del Sombrerón. Se le enchinó el cuerpo y trató de escapar lo más rápido posible. Pero sentía que las piernas le flaqueaban y que no podía correr.

Quiso la fortuna que en ese momento se le acordó invocar al Señor de las Ampollas del Trapichito e hizo unas cruces en el aire. Inmediatamente desapareció aquel extraño varón. Recuperada del susto, regresó a su casa.

Más tarde, Doña Moñi, recordando lo que había pasado, le surgió la tentación del ofrecimiento hecho por el extraño galán. A pesar de la experiencia anterior, tomó la decisión de regresar otro día al mismo sitio. Pensó que era su suerte y debía aprovecharla.

Si bien es cierto que el diablo tienta más a la gente ambiciosa, las mujeres puede ser más ingeniosas que cualquier diablo (Continuará). 

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