19 de Septiembre de 2018

Opinión

El suicidio o 'jiich’kaal'

Se dice que el suicidio por ahorcamiento entre los mayas peninsulares contemporáneos es debido al culto a Ixtab.

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El método más empleado por las personas que cometen suicidio en Yucatán es el ahorcamiento con soga, cordel o hamaca. El DRAE define ahorcarse (derivado de horca) como la acción de quitarse la vida echándose un lazo al cuello y colgándose de él en la horca u otra parte. 

La influencia de esta técnica se ve reflejada en el término para referir al suicido popularmente conocido entre los mayas yucatecos como jiich’ kaal (de jiich’, atar, apretar el nudo de una amarra y kaal, garganta, cuello).

Por otro lado, cuando se da por sentado que un homicidio se consumó, por vía del estrangulamiento utilizando las manos, se emplea la  expresión bits’ kaal (de bits’, estrangular, asfixiar y kaal). 

Se dice que el suicidio por ahorcamiento entre los mayas peninsulares contemporáneos es debido al culto a Ixtab, diosa que guiaba el alma de los suicidas al paraíso, pero en realidad es el método más práctico y, además,  el más utilizado a nivel nacional.

En el Códice Dresde, Ixtab aparece pendiendo del cielo por medio de una cuerda que está enrollada en su cuello. Tiene los ojos cerrados por la muerte y en sus mejillas un círculo negro que representa la descomposición de la carne. La ilustración del códice también nos recuerda la muerte del nené durante el nacimiento con el cordón umbilical (u táab tuuch) enmarañado en el cuello.

Suicidio es una voz formada a semejanza de homicidio, del lat. sui, de sí mismo, y caedere, matar) y suicidarse, es quitarse voluntariamente la vida. En las fuentes mayas del periodo colonial aparece el verbo reflexivo matarse o suicidarse como kimsahba. En el Diccionario Maya Popular aparece kíimsikbaj (de kiim, matar, –sik, sufijo transitivo y –baj, a sí mismo) con igual significado.

La antropóloga Hilaria Máas Collí indica que para las familias de Huhí las almas de los suicidas son peligrosas porque no sólo buscan ayuda para descansar en paz, también que otra persona se suicide de la misma forma y en el mismo lugar. 

Se cree que las almas de los ahorcados permanecen en el lugar del suicidio y que se aparecen a las personas invitándolas a matarse. Por ello, cortan el árbol donde la persona se quitó la vida y hacen un ritual donde ahorcan a un perro. Así se hace simbólicamente la sustitución (o k’eex) del alma del difunto por la del perro.

Otro ritual, que he presenciado en Tzucacab, es el que incluye reproches, golpes y bofetadas al ahorcado por parte de los familiares, antes de descolgarlo, con el fin de redimir sus culpas por haber atentado contra su propia vida. Máas Collí señala que el castigo de azotes es para liberar al lugar del deceso de su influencia dañina.

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