22 de Octubre de 2018

Opinión

El terrorista interno

Desde que internet puso la información al alcance de todos, el mundo se transformó en un ente más pequeño, pero no por ello, menos confuso...

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Desde que internet puso la información al alcance de todos, el mundo se transformó en un ente más pequeño, pero no por ello, menos confuso, principalmente porque aún cuando la “supercarretera” se abrió, no todos saben conducirse sobre ella. 

La web, las redes sociales, las aplicaciones y los teléfonos inteligentes, ponen en nuestras manos datos e información de todas partes, lo bueno o malo, aburrido o de interés, mucho más rápido de lo que somos capaces de procesar y entender; a esta situación agreguemos la premura del momento y la necesidad de ser parte de las noticias, y tendremos una extraña mezcla de “teléfono descompuesto” y “chismógrafo” como los de la primaria y secundaria. 

La reciente y triste ola de información sobre el terrorismo religioso y el consabido choque de culturas entre occidente y oriente, propicia un terreno fértil para el desate de las pasiones, máxime, cuando éstas se reflejan en las redes sociales, al alcance de cualquiera que pueda leerlas. Francia, Siria, Turquía, Bélgica, Rusia y prácticamente cualquier lugar vinculado a la incomprensión cristiano-musulmana, siguen en la mira de los terroristas ideológicos: los usuarios de internet que carecen, sino de inteligencia, sí de la capacidad y amplitud de miras para darse cuenta que simplificar un conflicto, sólo crea más peligro. 

La cuestión es sencilla. Con los ríos de información que circulan por la red, nadie está completamente ajeno a los acontecimientos mundiales, y así, un evento que hace menos de dos décadas era de intrascendencia en las regiones más apartadas de Cancún, se vuelve un “trending topic” en Twitter o Facebook y ¡boom! Está en boca de todos. En teoría esto es positivo, pero la realidad lo transforma en algo poco menos que irreal, pues el “hashtag” sólo muestra al usuario la premisa por la que fue creado, ya sea a favor o en contra del hecho, y con él, se siente satisfecho e informado, aún cuando no comprenda a ciencia cierta lo que sucede, simplemente porque, como sociedad, los mexicanos no tenemos por costumbre informarnos con veracidad: sólo buscamos aquello que concuerde con lo que nosotros damos por cierto. 

Bajo esa premisa, la red se volcó en su momento a favor de los israelíes o de los palestinos; del gobierno mexicano o de los padres de los normalistas, tanto o más como ahora despotrican en contra de la respuesta francesa a los ataques en París por parte de extremistas islámicos, clamando sobre la “parcialidad” de los medios que “no ven” el sufrimiento del otro bando. Los chistoso –y ridículo-, es que esos mismos usuarios de Twitter y Facebook son quienes hace poco menos de un mes celebraban las bravuconadas de Vladimir Putin tras el derribe de un avión con pasajeros rusos, a manos del así llamado “estado islámico”. 

¿Coherencia? Ninguna. ¿Parcialidad? Muchos menos: Todo este desatino informativo se debe a la falta de contexto, con todo y que está a disposición de los usuarios; a las ganas de sentirse politólogo entre sus contactos de “Face”, y a esa extraña necesidad del mexicano por llevarle la contra a todo, afirmando no ser un crédulo, aunque actúe como tal. 

Atole con el dedo

Para quienes usamos con frecuencia Facebook, no es extrañar que entre las publicaciones sugeridas nos encontremos con páginas de “noticias” que apoyan a “X” o “Y” candidato, o las creadas para atacar a los enemigos de los encumbrados políticos. Y tal vez por ello, ahora los encargados de llevar las campañas en esta red social decidieron usar una táctica diferente: generar contenido a través de páginas personales. 

Son fáciles de detectar: usuarios que afirman que se quedaron sin poder aceptar solicitudes de amistad, y por tal, crearon un página para estar en contacto, pero al entrar, ¡oh sorpresa! Sólo hablan de dos cosas: noticias curiosas tomadas de otros sitios web, y disimulada pero frecuentemente, sobre algún aspirante a candidato, acompañado de un comentario “personal” sobre lo idóneo que es para el puesto. 

Si entramos en las suspicacias, parece que los “expertos en ‘social media’” creen que no nos damos cuenta de sus prácticas. 

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