20 de Septiembre de 2018

Opinión

El triunfo no lo es todo

En la vida real todos competimos por progresar, por ser los mejores y en muchas fases de esa “competencia” nos olvidamos de las normas que deben regir nuestras relaciones como personas de bien.

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El mundo futbolero tiene dos campeones: Alemania y Argentina. Como ya es de todos sabido, uno (Alemania) obtuvo la supremacía, cumpliendo con las leyes, normas y reglamentos que rigen ese deporte.

En el terreno de juego quedan las hazañas, tanto como las actitudes ayunas de nobleza: alguien que muerde al “enemigo” dejándose llevar por el monstruo de la violencia que tanto daño hace en el seno familiar, en los centros de trabajo, en las escuelas, en nuestra sociedad. Empujones, que acaso dejen fuera del deporte a un ser humano y a sus ilusiones. Jaloneos de los uniformes, zancadillas que pueden resultar fatales…

En la vida real todos competimos por progresar, por ser los mejores y en muchas fases de esa “competencia” nos olvidamos de las normas que deben regir nuestras relaciones como personas de bien, con amplios valores: honradez, dignidad, solidaridad…Una selección nacional perdió ante otra, y del llanto, el dolor, la frustración se pasó a la violencia: golpes, saqueos, incendio de autobuses, etc., etc.

Urge retomar el camino ya no digamos del respeto a las leyes, a las normas, sino el del respeto que le debemos a las y los demás y que al final de cuentas se traduce en respeto entre seres humanos…

El principio de perfectibilidad de las normas señala que lo sucedido en la reciente justa futbolera debe servir para mejorar sus reglamentos para castigar los contactos malintencionados, para lograr que el triunfo sea la victoria lograda por la habilidad y no por la violencia; que la caballerosidad esté por encima del triunfo por el triunfo mismo.

En nuestra vida diaria respetémonos a nosotros mismos. Unámonos para hacer mejores nuestras leyes, pero trabajemos sin descanso para respetarlas y respetarnos entre seres humanos.

Entonces seremos campeones y campeonas en nuestras vidas y disfrutaremos más y mejor a auténticos y caballerosos ases deportivos…

¡Adelante México!

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