18 de Octubre de 2018

Opinión

El verdadero padre

Para Freud “no hay necesidad infantil tan poderosa como el amparo paterno".

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El padre biológico es un mito ofensivo, suponer que un coito te garantiza la paternidad es demeritarla. “Eso sería demasiado fácil...”, como dijo Dennis Lord. El padre puede o no ser también progenitor, pues su importancia irrefutable no está en dar vida.

Entonces, ¿qué significa ser padre si no es, como la madre, Vida? ¿Protección?

Para Freud “no hay necesidad infantil tan poderosa como el amparo paterno”, atreviéndose a determinar que el origen de la necesidad religiosa podría derivarse de la nostalgia del padre. Siendo la paternidad divina una sustitución necesaria para quien es presa de la angustia, Freud concluye que los padres deben y crean, con su protección, una imagen de omnipotencia. 

Por eso para el niño, y en el consciente colectivo, el papá es un superhéroe. ¿Y el amor, apá?

¿Acaso los padres experimentan esa incontrolable descarga amorosa que domina a las mamás cuando reciben, por vez primera, a la criatura que han gestado y parido? O, como dice Rufus Griscom, se sienten incómodos al sentir una especie de amor fraudulento, más parecido a una afección muy fuerte, que va incrementándose a lo largo de los años hasta equiparar al de su contraparte progenitora.

Presa de su naturaleza protectora, el papá suele ser presa de una preocupación no invitada a cenar: las cuentas, cómo pagarlas, cómo proveer, cómo garantizar la salud del hijo, su vestimenta, educación y el largo etcétera.

Ni siquiera una madre soltera y trabajadora se permitiría opacar tan memorable momento con el recién nacido, pero el hombre guarda vestigios protectores de su antepasado cavernícola, para quien las amenazas a su familia eran tema de todos los días, cambiando el mazo y la lanza por tarjetas de crédito.

Y “proteger” tiene un extenso significado: si a mi padre no le hubiese interesado proteger mis sueños con su apoyo paciente e incondicional, lo último que estaría haciendo en este momento es escribir esta columna.
Amor materno, protección paterna... el tiempo transformará las aportaciones de los socios en la empresa de los hijos, ya dependerá de los acontecimientos que marquen el rumbo de cada familia. A mi padre, por ejemplo, el destino le exigió aprender a amar como madre. Y lo logró.

Gracias a él y a todos los que, progenitores o no, son padres de verdad.

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