24 de Abril de 2018

Opinión

Elba Esther en Santa Martha Acatitla

Solo Carlos Salinas le disputaba a Elba Esther Gordillo el papel de villano favorito de México.

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Era tal el tráfico en avenida Reforma de la Ciudad de México que empecé a sospechar que todas esas multitudes se dirigían a El Ángel a celebrar la detención de la maestra Gordillo. Desde el apagón a Raúl Salinas no se había visto tan unánime entusiasmo de los mexicanos alrededor de la caída en desgracia de un personaje o un triunfo de la selección. El bullicio en las redes sociales era inagotable ante la caída de una mujer sobre la que se derramaba todo el resentimiento y todos los males de la patria.

Solo Carlos Salinas le disputaba a la doña el papel de villano favorito de México, pero no estoy seguro de que en caso de ser encarcelado, el facilitador social lograra tales manifestaciones de gozo a su alrededor. ¿No sería curioso que la misma figura que impusiera a la Gordillo en el SNTE haya movido la cuna para derrocarla con el mismo método con el que un día le dio en la torre a Jonguitud Barrios, ese humanista magisterial incomprendido?

La caída de Elba Esther, a raíz de un detallado entramado de abusos financieros (nomás los gastos en Neiman Marcus, la tienda de Julia Roberts en Mujer bonita, son como para generar suficientes envidias, no se diga lo que invertía en materia de cirugías estéticas a costillas del sindicato), no es por supuesto producto de un acto de justicia poética. Es la demostración de que lo que falta no es información (imaginemos lo que el gobierno tiene y sabe sobre los Moreira, los Yarrington, los García Luna Productions y cientos de próceres más para los que no habría suficientes reclusorios para guardarlos a todos), lo que falta es voluntad política. Cuando al sistema ya no le es útil uno de sus activos, no dudará en arrojarlo al cadalso con tal de asegurar su continuidad. Ya era claro que la señora, pese a su capacidad de control férreo sobre un gremio abultado y adormecido, había dejado de hacer juego con el mobiliario.

A juzgar por el bullicio desatado no había dudas ni sospechosismos, era la alegría en marejadas. No importaba que cupiera la posibilidad de que la detención de la profesora fuera un triste michoacanazo calderónico, la sola imagen de la lideresa sindical encerrada en Santa Martha Acatitla valía la alegría a todo vapor. Si el día de mañana sale de la cárcel, alegando que todo fue un compló, que su lana era herencia de su abuelo, o que se ganó mil veces la lotería, vale madres. La humillación de los intocables regocija a la muchedumbre.

Hay que decirlo, nadie pensó que Dios nos iba a prestar vida para ver esto. Menos a ella.


www.twitter.com/jairocalixto

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