26 de Septiembre de 2018

Opinión

Elecciones partidistas

En los últimos años tanto el PRD como el PRI han debatido y alcanzado acuerdos para permitir que la elecciones de sus dirigentes nacionales se realicen ya por votación de los integrantes de sus consejos o congresos, ya por consensos que eviten la votación.

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El próximo 18 de mayo el PAN elegirá por primera vez a su dirección nacional por el voto universal de sus miembros. Así, Acción Nacional será el último de los tres principales partidos en utilizar este mecanismo.

En los últimos años sin embargo, tanto el PRD como el PRI han debatido y alcanzado acuerdos, tanto políticos como estatutarios, para permitir que la elecciones de sus dirigentes nacionales se realicen ya por votación de los integrantes de sus consejos o congresos, ya por consensos que eviten la votación. Lo cierto es que la apertura democrática que en teoría implica la elección directa de los dirigentes nacionales en la práctica se ha mostrado difícil de alcanzar.

Desde las primeras experiencias en este terreno, llevadas a cabo por el PRD en 1996, cuando resultó electo como presidente Andrés López Obrador, se hizo evidente que el interés en obtener las posiciones en disputa subordinaba cualquier principio democrático o legal, y que la capacidad de obtener votos de forma ilícita era parte de los elementos de la competencia. Las experiencias posteriores de este instituto político, y más adelante del PRI, revelaron que, en los hechos, lejos de ampliar los cauces democráticos, las elecciones por voto universal y directo favorecían la reproducción de un caudal de formas ilegales y corruptas de ganarlas.

Creo que una parte de esta ineficacia democrática es inseparable de las elecciones directas como instrumento interno de los partidos. La elección implica que quienes en principio coinciden en una propuesta general frente a la sociedad renuncien a deliberar y construir acuerdos, virtudes centrales de los consejos directivos, y los sustituyan por una medición de fuerzas entre partes electoralmente irreductibles que, en el proceso, se ven en la necesidad funcional de contrastarse con sus correligionarios convertidos en adversarios.

Los alcances de esta dinámica en elecciones que implican a la sociedad en su conjunto son distintos, pues en ella existen en efecto posiciones políticas irreductibles, que no se construyen con vistas a la elección, y los comicios son un mecanismo justo de medir el consenso social de una u otra posición.
Ahora queda por verse si las elecciones internas del PAN siguen el mismo rumbo que las de los otros partidos o no.

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