20 de Septiembre de 2018

Opinión

Elegir cómo vivimos

Los seres humanos no controlamos del todo nuestras vidas, ser altos o bajos...

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Me ha llamado la atención la historia reciente de dos personas, Pamela y Christopher, las dos  ubicadas en un país tan surreal como lo es México: Pamela Hernández Viviano es una niña de 11 años que destaca por sus logros en la escuela, pero no puede ser acreedora a una beca porque se encuentra viviendo en la calle y no puede proporcionar la dirección de su domicilio; Christopher recientemente ingresó a uno de los cientos de programas de telerrealidad que ahora saturan al mundo, lo describen de 21 años, asegurando que no estudia ni trabaja, le gusta la fiesta y ser el centro de atención. Dos vidas y realidades por demás disímbolas.

El padre de Pamela es un recolector de basura, su madre reúne tortillas viejas para después venderlas como alimento de animales; hace un año su familia fue desalojada de la casa que habitaban, ella y su hermana menor se dieron a la tarea de recolectar clavos, pedazos de madera y lona y junto con su madre fueron construyendo una pequeña habitación entre dos avenidas situadas en Ciudad Nezahualcóyotl en el Estado de México, el cuarto es muy pequeño, las moscas y el ruido de los automóviles son muy incómodos, pero ella sigue estudiando y manteniendo sus altas calificaciones.

Christopher vive en Mérida, en una de las mejores zonas de la ciudad, aunque el programa lo presenta como alguien que no trabaja ni estudia, aseguran que le gusta el modelaje y la fotografía; hijo de una familia de un alto nivel socioeconómico, asistió a uno de los colegios católicos más exclusivos, él asegura ser encargado de relaciones públicas, aunque no especifica de qué lugar o empresa; a diferencia de Pamela su vida parece transcurrir sin ningún sobresalto y en la más completa seguridad.

Cuando Pamela construía su casa con su familia se lastimó las manos varias veces con las maderas o los clavos, pero a pesar de eso quería hacer la casa porque sabía que así su familia estaría unida, le gusta la escuela porque quiere tener una mejor forma de vida, quiere estudiar una carrera en ciencia y tecnología para que pueda tener un hogar digno dónde vivir, sabe que en México mucha gente vive como ella y le gustaría que todos ellos tengan un hogar donde puedan estar bien con su familia, sueña con tener una casa y un automóvil, para ella el no tener una casa no es un pretexto para no ir a la escuela.

Christopher comenta que en su tiempo libre le gusta irse de fiesta, visitar a los amigos, tomarse cuatro o cinco copas -lo normal, asegura-; dice estar consciente de que hay gente que lo admira, lo idolatra y quiere ser como él. En cuanto a los sentimientos, expresó con claridad: Yo no creo en el amor, el amor es para perdedores, interesante punto de vista para alguien que ha sido educado en una escuela católica. Entre las particularidades de su carácter se encuentra que para poder considerar a una mujer su amiga ésta tiene que permitirle que le toque los pezones, parece ser que este gesto es la señal de haber forjado una amistad.

No encuentro razón alguna para que Pamela haya faltado a la verdad en lo que ha declarado; en el caso de Christopher es un poco más complicado saber si todo lo que argumenta realmente lo cree así, sus declaraciones muy bien pueden ser un ardid para diferenciarse de los demás y lograr el “éxito” en el programa en el que participa, el presentar una imagen falsa de sí mismo con el objetivo de lograr notoriedad y fama bien puede ser el camino para lograr los 15 minutos de fama que tan acertadamente predijera Andy Warhol, la verdad sólo la conoce Christopher.

Los seres humanos no controlamos del todo nuestras vidas, ser altos o bajos, un accidente puede encadenarnos para siempre a una silla de ruedas; ser muy longevos o la enfermedad puede acabar con nuestra vida prematuramente; podemos haber nacidos ricos o pobres sin haberlo elegido. No hay posibilidad de decidir muchos de los acontecimientos que marcarán nuestra vida, pero sí decidir cómo los hemos de vivir; no es posible evitar muchas cosas que suceden, pero es nuestra opción elegir cómo reaccionar ante ellas.

Hoy en nuestro país una niña construye un lugar para vivir con sus propias manos y espera con ansia una beca que le puede dar una mejor vida en el futuro, mientras un hombre joven piensa que el amor es para perdedores y necesita tocarle los pezones a las mujeres para sentir que son sus amigas; sin duda cada quien elige cómo quiere enfrentar la vida. Siento mucha pena por alguien y no es por Pamela.

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