24 de Septiembre de 2018

Opinión

Elegir la felicidad

Una exalumna que estudia licenciatura en Puebla se ha dado cuenta de que no es la carrera que espera y, peor aún, la soledad la atormenta.

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Dedicado con aprecio para Danis, Socorro, María José, Lilí, Nataly, Ernesto, Marco, Francisco y Felipe

Recibí noticias de personas cercanas y no tan cercanas , muchas no han sido agradables; una exalumna que estudia licenciatura en Puebla se ha dado cuenta de que no es la carrera que espera y, peor aún, la soledad la atormenta, con su padre en el norte de país y su madre y hermano en otra ciudad, me ha dicho que a la frustración de no lograr identificación con lo que estudia se le ha añadido la soledad del ambiente que la está abrumando, sin lograr integrarse al medio la desesperanza se ha hecho su compañera.   

Una mujer ha sufrido la infidelidad de un marido que inició el matrimonio engañándola y ha terminado 16 años después engañándola de nuevo; un hombre después de más de 25 años ha visto cómo su matrimonio se ha venido abajo y la soledad es su única compañera; una mujer con un hijo ya mayor ha tenido que ver cómo una enfermedad le ha impedido a su hijo cumplir con aquello a lo que aspira y ha tenido que enfrentar esto sola porque una infidelidad del marido le ha cambiado el mundo.

He visto a muchas personas, y aclaro que no a aquéllas, tratar de encontrar el porqué del dolor, esforzarse en comprender por qué sufren. Pocas cosas han generado tal cantidad de reclamos a la vida y a Dios, porque toda explicación humana acaba siendo insuficiente ante el misterio del dolor; es una realidad que todas nuestras explicaciones son insuficientes, pero si no hemos de encontrar el porqué, seguramente podremos avanzar en respondernos ¿qué puedo hacer con este dolor?, ¿qué puedo sacar de bueno de él? Y evitar seguir rompiéndonos la cabeza contra el misterio de su existencia; así podemos al menos tener una actitud más constructiva y sanadora para nosotros y quienes nos rodean.

Es necesario reconocer que no somos los únicos que sufrimos ni los que más lo hacemos; tendemos con demasiada frecuencia a auto compadecernos. Puede haber miles de muertos en un terremoto y nos compadecemos de ellos mientras vemos el noticiero, pero inmediatamente después a mí me parecerá mucho más grave e importante la caries que tanto me molesta.

El dolor es un tramposo que nos hace creer que somos los únicos a quienes les presta atención, a los que más acompaña y a quienes más intensamente se acerca; en realidad el sufrimiento es parte de nuestra condición humana. Salir de nuestro propio dolor y acercarnos al ajeno no es una tarea fácil, pretender negarlo es también una falsedad, es tan parte de nuestra existencia como la felicidad, porque no hay una vida en la felicidad y una no vida en el dolor, ambas son parte de la existencia humana en su totalidad.

Existe un culto actual a la felicidad, en el que pareciera que ser feliz es poder hacer lo que a uno le venga en gana, sin más medida ni criterio que la satisfacción de mis deseos, elevando a rango de dogma la idea de que para alcanzar la felicidad debo pensar sólo en mí mismo; olvidamos que los seres humanos somos seres sociales y sólo en comunidad nos realizamos; el ser humano se vuelve más humano en la relación con el prójimo y es en esa sana relación donde encontrará su felicidad.

Es en nuestras propias manos donde hallaremos la felicidad, no es posible ponerla en nuestro exterior porque entonces la dejamos fuera de nuestras posibilidades y a expensas de las circunstancias y personas que nos rodean, mas eso no significa que la tengamos que atesorar egoístamente, esa felicidad que viene de dentro es el derecho de todo ser humano; estamos llamados a la plenitud de la felicidad, pero no a una felicidad egoísta y centrada en el yo, sino a aquella que siendo verdadera se multiplica para cada uno de nosotros mientras más la brindemos a los demás; la felicidad es de las muy pocas cosas que mientras más se da, más se tiene.

Esa construcción de la felicidad es un asunto de decisión, cada ser humano se puede dedicar a morir o dedicarse a vivir. ¿A qué te quieres dedicar? La felicidad la alcanza el que se decide tercamente a construirla y construirla no es fácil, la vida es bella, pero no por ser fácil, la felicidad es un opción, la elegimos cuando con todas las piedras que el sufrimiento nos arroja en esta vida acabamos construyendo los cimientos sobre los que levantaremos el edificio de nuestra felicidad.

Como diría mi muy querido José Luis Martín Descalzo: “La felicidad no se encuentra en una habitación lejana de dolor, sino en el piso de encima del sufrimiento”.

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