17 de Enero de 2018

Opinión

Elle o la perversidad del amor

El realizador holandés Paul Verhoeven regresa a la palestra con un thriller con tintes de humor negro en el cual nos presenta la vida y las secretas motivaciones de una empresaria.

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Después de un par de filmes menores dentro del cine francés, el realizador holandés Paul Verhoeven ha regresado a la palestra con “Elle” (2016), un thriller con tintes de humor negro en el cual nos presenta la vida y las secretas motivaciones de una empresaria que, después de haber vivido una tragedia en su infancia, ha logrado encumbrarse en los negocios, siendo el soporte económico de su familia. Empoderada de esta forma, resulta víctima de una violación que desemboca en una serie de reacciones en cadena por demás inusuales.

La premisa sirve como excusa para ahondar en la psicología del personaje, interpretado de manera magistral por Isabelle Huppert, considerada por muchos la mejor actriz del orbe, incluso por encima de su contemporánea Meryl Streep. De tal forma que se rehúsa a ser una víctima más, al tiempo que realiza pesquisas para encontrar a su acosador, que insiste en atosigarla en un intento por quebrantar su psique.

Contra lo que pudiéramos pensar, Elle no se muestra vulnerable, sino que se revela como una depredadora con un instinto de supervivencia a toda prueba. Por ello, devora todo a su paso, mostrándonos que ella y sólo ella mantiene el control sobre su vida. Verhoeven, astutamente, va dosificando su narrativa mediante ciertas pistas que contribuyen a la construcción de dicho animal femenino en la cima de la cadena alimenticia.

Con sadismo, somete a Elle a diversas pruebas de las que emerge triunfalmente, evidenciando los daños colaterales de una niñez atípica que a la postre la han convertido en una mujer manipuladora, solitaria incluso, que practica una sexualidad no ajena a las parafilias y con una perversidad erótica digna de la posmodernidad. Así nos recuerda los tópicos de la lente detrás de “Bajos instintos” y “Showgirls”, éxitos pertenecientes a los ya lejanos noventa.

No obstante, este filme no es apologético de la misoginia ni el hembrismo, pues sin efectismos visuales se cimienta en las actuaciones y en el relato de una relación sui generis que, parece decirnos, siempre encuentra un cómplice (no sin consecuencias). Lo cual no es casualidad, ya que el guión surge de una novela de Philippe Djian, que en 1986 fue el autor de lo que se convertiría en una joya del cine erótico europeo: Betty Blue. Mire ambas, en especial si usted cree que no hay nada más extraño que ese sentimiento llamado amor. 

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